miércoles, 13 de mayo de 2009

De vez en cuando la vida

¿Recuerdan?, este fue el título de mi última entrada antes del "cuento por capítulos", hace ya un mes.
En este tiempo no les he visitado, y tampoco he comentado ni escrito nada.
En este tiempo he estado "interiorizando".
Verán, yo siempre he pensado que la vida es como una partida de cartas. Las cartas que nos reparten no se pueden cambiar, está en nosotros saberlas utilizar con inteligencia y corazón.
También podemos descartar las que no nos interesan, pero es que además durante toda la vida nos siguen repartiendo una y otra vez.
Así, cuando piensas que ya tienes la jugada perfecta, resulta que te quedas con las más feas y vuelta a empezar.
Aunque tambien puede ocurrir que cuando ya das la partida por perdida, te aparece el as de corazones y haces poker.
Yo nunca fui una jugadora conservadora, nunca me quedé esperando a ver cuales cartas me daban, la robaba directamente del mazo. Y tampoco he tenido el más mínimo problema en descartar las que no me han interesado.
Así, mi particular partida ha sido bastante "movidita".
He hecho grandes amigos y grandes enemigos.
He tenido espectaculares éxitos y sonoros fracasos.
He ganado, perdido, sufrido y disfrutado como el que más.
Y últimamente ya me estaba empezando a apetecer algo más tranquilo, una vida más relajada.
Poder hacer planes a largo plazo, vivir la vida de otra manera, dejar de cambiar de mar cada pocos años, vivir en la misma casa, en el mismo barrio del mismo pueblo y con el mismo trabajo.
Pues hace un mes tuve algunos problemas de salud, nada serio. Algo similar a otras veces ( o eso pensaba yo).
Y cuando ya me preparé para afrontar una enfermedad... resultó que no estoy enferma.
A la edad en que esperábamos ser abuelos, resulta que vamos a ser padres.

Y llevo todo un mes intentando asimilarlo.


Asimilar que todos los planes que habíamos hecho para cuando la niña por fin se pudiera independizar ahora tendrán que cambiar (vean mi entrada AMADIP )


Asimilar que volvemos a empezar, más mayores, más cansados, aunque quizá también con más experiencia y más seguridad.




Y, bueno, aquí estamos, mirando de cambiar el despacho por un dormitorio, y mirando de ponerle barandilla a la escalera, y mirando de.... no sé, supongo que hay muchas cosas que mirar.




Y eso es todo (por decir algo, en realidad sólo es el principio)

Es curioso como todo cambia. En esta foto parece que estoy sola, pero en realidad iba alguien conmigo, mi as de corazones...



Y ahora que ya lo saben, me voy a visitarles a sus casitas, que les tengo a todos muy abandonados.






martes, 12 de mayo de 2009

Los dos soles ... y fin.



Selina estuvo toda la noche preparando provisiones. No quiso oír las protestas de Olayo.
-Aquel hombre dijo que llegabas a una zona recién descubierta, a saber que te vas a encontrar allí. Vas a necesitar comida, y ropa.
-¿¿Pero, tanta???
-Es que yo me voy contigo, dijo con resolución.
Los dos hombres se miraron estupefactos.
-¿Pero que dices, estás loca?? No dicen nada de que vaya con compañía, no puedes ir.
-Sí que puedo. Según me has dicho, en tu mundo las mujeres no son tenidas en cuenta. Seguramente, a alguien se le olvidó mencionarlo. Yo me voy contigo. Te quiero, y no me voy a quedar aquí esperando a ver si vuelves. Ya sé que no vas a volver, así que no se hable más.
Pero… Olayo no daba crédito a sus oídos. Y se encontró a sí mismo diciéndole que él también la quería, y que no iba a permitir que corriera ese riesgo. Prometió intentar volver. Prometió buscar las tormentas.
Lo prometió todo, pero de nada sirvió.
-He dicho que voy contigo, y no se hable más.
Yannu puede enseñar a los demás. Habla tu lengua casi tan bien como tú, y es muy listo, seguro que lo entiende todo perfectamente.
Yannu no abrió la boca. Conociendo a su hermana, que había sido el alma de la casa desde que sus padres murieron, sabía que no había forma de hacerla cambiar de opinión. Con un gesto asintió, y le dio su bendición.
Al día siguiente, los dos soles brillaban en todo su esplendor. Todo el pueblo se había reunido para despedir al extranjero.
La Anciana sacó el ordenador, y lo expuso a la luz del sol, una vez más. Y una vez más, la tapa se abrió suavemente, dejando a la vista las letras y la pantalla. Olayo se acercó, y cogiendo a Selina de la mano, empezó a presionar lentamente las letras, siguiendo las indicaciones de la voz que de allí salía.
Cuando terminó, todos quedaron expectantes, esperando acontecimientos. De pronto, el aire empezó a oscilar alrededor de ellos. Se cogieron de la mano y esperaron…
Apareció un torbellino sobre ellos, todo empezó a temblar, y aunque no soplaba nada de viento, sus ropas se movían con violencia. Olayo abrazó a Selina, protegiéndola con su cuerpo, cuando ocurrió algo inesperado.
Yannu les dio un fuerte empujón, y los sacó del torbellino, colocándose él en su lugar.
-¿Pero que haces? No puedes ir tú.
-Sí que puedo. Conozco tu lengua, y quiero conocer tu mundo. Nadie me reconocerá, podré hacerme pasar por ti, y tengo tu diario para aprender.
Tú quédate aquí, te necesitan. Mi hermana te quiere, y tú estás a gusto en mi mundo. Serás feliz, y ayudarás a ser feliz a mucha gente.
Adiós.
Un torbellino lo envolvió, y desapareció entre el ruido.
Quedaron todos mirando al espacio vacío donde segundos antes estaba Yannu, incrédulos y asustados.
Entonces, Olayo dijo:
-Se acabó. A partir de mañana, empezaremos a construir nuestra nueva casa. Ahora tengo una familia que cuidar. Anciana, ¿querrás casarnos?
-Claro, -contestó la anciana-. Pero primero debo mandar mensajeros. El consejo de ancianos se debe volver a reunir, nos tienes que enseñar.
Los dos soles empezaron a descender lentamente mientras Selina y Olayo volvían a la pequeña casita, en el pueblo debajo del gran árbol, y empezaban una nueva vida.

FIN:

Amanece en una isla del Caribe, un náufrago de extrañas vestiduras contempla absorto como un sol amarillo sale de las aguas. A lo lejos ve a unos hombres con brillantes armaduras, que se le acercan cautelosos.
-¿Quién eres, extranjero?
-Mi barco ha naufragado, la tripulación ha desaparecido. Olayo, me llamo Olayo, y vengo de España. ¿Qué día es?
-Estamos en el día 27 de noviembre del año del señor de 1522, que Dios guarde a nuestro Rey.

¿FIN?
2003

miércoles, 6 de mayo de 2009

Los dos soles (6)

“Año de 2492, la población mundial ha llegado a su límites. Hace años que se terminaron los yacimientos de petróleo, y el efecto invernadero impide el crecimiento de cultivos. Las guerras por la comida enfrentan al primer y tercer mundo, y el hambre se hace insoportable. Las colonias en la Luna y Marte empiezan a admitir pobladores, pero las condiciones allí son aún muy duras, y muchos colonos no las aguantan y fallecen. La diferencia de gravedad está afectando al ser humano, y las mutaciones se multiplican.
Después de varios intentos fallidos, la máquina de viaje interdimensional está preparada para hacer la primera prueba con seres humanos.
Desde hace 1000 años, se mantiene en secreto el diario del navegante. Es el diario de un navío que en el año de 1503 se perdió en el Cabo de las Tormentas, durante una terrible tempestad.. Toda la tripulación apareció en la costa después de la tormenta. Todos menos el grumete, que se había atado al palo mayor y desapareció junto con el barco.
Treinta años después, apareció en las costas de La Española, luego llamada Isla de Cuba. No consiguió que nadie creyera su historia, pues todos los que le conocían habían muerto ya, aunque él se mantenía extrañamente joven.
Se instaló en la isla, allí desposó con una indígena,, y su familia guardó el legado de su diario durante generaciones. En el siglo veinte uno de sus descendientes emigró a los entonces llamados Estados Unidos, llevándose consigo el valioso diario.
Cuando los viajes interdimensionales empezaron a ser posibles, hace unos cien años, el diario salió a la luz de nuevo, y un grupo de científicos decidió intentar encontrar el mundo de los dos soles, pues creyeron que era esa la única oportunidad de la humanidad, abocada a la desaparición por su egoísmo.
El 12 de septiembre de 2492, un grupo de 500 voluntarios, escogidos entre ciudadanos de todo el mundo, se embarcará en un viaje hacia otra dimensión, en busca de un mundo mejor. Llevan consigo este diario, que les identificará ante los pobladores del mundo que van a descubrir.
En este ordenador van todos los conocimientos que pudieran necesitar en su nueva vida, organizados por materias, y en 50 idiomas.
También lleva una máquina interdimensional, miniaturizada, adecuada para una sola persona, que volverá para informar de lo que han descubierto, y abrir el camino a los demás. Suerte."

Mientras la voz iba relatando la huida desesperada de un planeta moribundo, Olayo no salía de su asombro. Aunque le costó entender algunas de las cosas que allí decían, las imágenes que iban acompañando a la narración, aclararon algunos conceptos. De pronto se dio cuenta de que solamente él y los hermanos habían entendido el mensaje, pues el resto de los presentes hablaban un idioma completamente distinto, así que se dedicó a traducir todo aquello que había oído.
Luego exploró las posibilidades de aquel aparato. Según apretaba las letras, iban saliendo imágenes y una voz hablaba de medicina, arte, y algunas otras materias que le eran completamente ajenas.
Pero lo que sí que entendió perfectamente era que aquel aparato le podría llevar de nuevo a su mundo. La voz lo había dicho claramente, él iba a regresar. No le sonaban los nombres de La Española, o Cuba, o Estados Unidos, pero algo estaba claro, era su mundo, y él iba a regresar.
La anciana le sacó de su ensimismamiento.
-Tienes que enseñarme tu idioma. Tienes que enseñarme a utilizar ese artefacto. Tengo que aprender los conocimientos de tu pueblo. Aquí la gente muere de enfermedades, necesitamos saber lo que saben tus descendientes.
-Pero todavía no entiendo muy bien que es lo que ha pasado. ¿¿Mis descendientes en el futuro, mandaron una expedición a vuestro pasado??
¿Este es mi diario de dentro de 1000 años?, ¿o de hace 1000 años?
¿Y por qué yo?
¿Yo solo quería huir de la expulsión a que había sido condenado mi pueblo de su país, y ahora resulta que de mi vuelta depende la salvación de mi mundo en el futuro?
Es demasiado, tengo que pensar.
-Tranquilo, le dijo la Anciana, ve a descansar. Nada pasará esta noche.
Esa noche no durmió ninguno de los tres. Olayo pensaba en su mundo, y en como el futuro aparecía tan negro.
Yannu recordaba aquellas cosas maravillosas que había visto en el… ¿Ordenador?, había dicho la voz.
Selina sólo pensaba que Olayo se iba a marchar, y que no volvería a verlo.
Al día siguiente los tres, pensativos y cabizbajos, fueron al encuentro de la anciana.
Olayo tomó la palabra.
-Anciana, Yannu y Selina conocen mi idioma, ellos te podrán traducir lo que diga la voz, y tu pueblo podrá aprender y mejorar.
Yo debo volver. Aquel es mi pueblo. Es verdad que no me han tratado bien, y que tuve que huir. También es verdad que por lo visto, no han aprendido con los años, y han tenido que mandar colonos a otros lugares.
Me gusta vuestro pueblo. Aquí no hay guerras, ni luchas, ni rencores.
Pero debo volver. Alguien debe llevar el diario de vuelta, para que dentro de mil años un grupo de humanos pueda escapar del infierno y venir aquí, hace mil años.
Si este aparato me puede hacer volver, volveré.
Se dirigieron al árbol, y la Anciana sacó el ordenador a la luz. Otra vez, la magia funcionó, y la tapa se abrió suavemente.
Olayo miró atentamente las letras, y fue tocando una por una: v i a j e.
La voz volvió a hablar. Pausadamente fue explicando los pasos a seguir para iniciar el viaje interdimensional. En realidad era muy simple, el aparatito lo hacía todo. Solo había que colocarse frente a él, y ya estaba.
Se decidió que el viaje sería al día siguiente.

sábado, 2 de mayo de 2009

Los dos soles (5)



Olayo esperaba cualquier saludo, menos aquel, y se quedó completamente mudo.
-Anciana, ¿qué quieres decir?, no entiendo. Llevo dos años buscándote, pero no llego a imaginar que es lo que buscas tú de mí, y cómo sabías que iba a venir.
-Pasa, pasad vosotros también, Selina y Yannu, tengo muchas cosas que explicar.
La siguieron al interior del árbol, hasta una cámara excavada en su mismo corazón. Allí abrió un enorme cofre de madera, y de su interior sacó un recipiente metálico.
-Este, es el llamado “Cofre de la memoria”. Lo trajeron con ellos los primeros pobladores y lleva en nuestro pueblo muchas generaciones. Mi estirpe fue la encargada de guardarlo, por una razón que no conozco, pero seguro que tú me podrás aclarar.
-¿YO?
El pobre Olayo cada vez entendía menos, y miró con incredulidad aquel cofre, construido en un material liso y brillante parecido al de las espadas, aunque más duro.
-Calla y escucha.
-Entre los Ancianos hay una leyenda, ha ido pasando de anciano a anciano, y nunca la hemos contado al pueblo. Un día llegará un viajero de tierras lejanas. El será el encargado de darnos el conocimiento que necesitamos para poder prosperar. El interpretará la sabiduría del Cofre de la memoria, y luego partirá, al igual que apareció.
-¿Y como sabes que ése soy yo?
-¿Y como sabías que llegaría hasta aquí?
-No lo sé. Dímelo tú. Toma el cofre y ábrelo. Desde hace cientos de años, nadie lo ha podido abrir. En algún momento de nuestra historia, se perdió el conocimiento de cómo hacerlo, alguien decidió que no debíamos verlo hasta que Tú llegaras.
Olayo cogió el cofre con las dos manos y lo observó. Al principio no se había dado cuenta, pero tenía algunos grabados en un lateral. Estaban semiborrados por el paso del tiempo, y las numerosas manos que habían pasado por su superficie, y pidió salir a la luz, para poderlo ver bien.
Salieron fuera, donde aún esperaba el resto del pueblo. La Anciana en primer lugar, seguida por el extranjero y los dos hermanos.
A la luz, se confirmaron sus sospechas, Aquellos grabados no eran otra cosa que palabras. Y, para su asombro, decía exactamente: “para abrir, presionar en los laterales”, en un extraño pero comprensible castellano.
No perdió el tiempo. Identificó en los lados del cofre dos pequeñas oquedades, las presionó a la vez, y como por arte de magia, se abrió la tapa de aquel cofre. Todos dieron un paso atrás, murmurando, magia…magia. Olayo no les prestó atención, estaba anonadado. En aquel lugar, no se sabe donde o cuando, donde no conocían los libros, ni siquiera la escritura, había encontrado algo escrito en castellano.
Nerviosamente, miró en el interior. Había un objeto rectangular, hecho de un extraño y ligero material, completamente negro, salvo por dos cristales que cubrían la mitad de su parte superior. Y algo, envuelto cuidadosamente en un material transparente, pero asombrosamente fuerte.
Al desenvolverlo, casi se le cae de las manos, y un ahogado grito salió de la garganta de Selina, que salió corriendo en dirección a su casa
Aquel objeto… era su diario.
Estaba estropeado, con las hojas amarillentas, casi marrones, y las tapas carcomidas. Pero no cabía duda de que era su diario.
Miró a la Anciana, casi sin aliento, pero lo único que recibió fue una serie de interrogaciones. ¿Qué es ese objeto?, ¿para que sirve? ¿es la respuesta a tus preguntas?
Olayo explicó lo que era, y Selina apareció, con el diario original, que había ido a buscar a toda velocidad. Eran idénticos, salvo por el pequeño detalle que por uno parecían haber pasado cientos de años.
Las miradas se dirigieron hacia el otro objeto, que seguía dentro del cofre.
Olayo sacó aquella especie de cajita negra, de solo dos cuartas de largo por una de ancho.
Bajo el cristal de la tapa, había algo escrito. Esta vez no le sorprendió encontrar un idioma conocido. Ponía simplemente “para encender, póngase a la luz del sol”.
-Estupendo, aquí tenemos dos soles, así que hagan sitio, que le de la luz.
Cuando los soles iluminaron la extraña caja, la tapa se abrió suavemente, dejando a la vista una superficie lisa y plana en uno de los lados, y otra con letras en relieve, en el otro.
Entonces, un sonido salió de la cajita, y algunos salieron aterrorizados. El resto, los más, estaban como hipnotizados por aquellos extraños sucesos, y Olayo entre ellos. La zona lisa se iluminó y empezaron a aparecer imágenes, como pinturas en movimiento. Se veía gente entrando en una enorme nave, cilíndrica con alas, como un gigantesco pájaro de metal. A la vez, una voz salía de algún sitio, e iba narrando, en un extraño castellano, aunque comprensible para Olayo.
continuará.....