viernes, 29 de abril de 2011

Rosas

Pues sí...
Ya sé yo que este blog en teoría es un blog literario, donde yo escribo, más o menos bien o más o menos mal y cuento cosas.
Pero como resulta que estoy pasando otra temporadita de "no puedo con mi alma", y la inspiración debe estar a la altura de mi tensión sanguínea... pues que les voy a poner fotos.
Son fotos de mis rosas.
Yo nunca había tenido rosas. En realidad las pocas veces que lo había intentado me las había cargado.
Creo que para cada cosa hay un momento, y mi momento de tener plantas estaba por llegar.
Porque ahora, milagrosamente... se me dan bien, incluso las tengo hasta bonitas. Tendrá algo que ver con el karma, no sé.
Bueno, el caso es que tengo tres rosales y se los quiero presentar. Ahora no recuerdo si ya se los había presentado, pero como no tengo ganas de buscarlo, pues lo hago como si fuera la primera vez y listo.


Esta señorita se llama Fabiola.











Es hija consentida de otra Fabiola, que pertenece a una prima de mi marido.
El esqueje se lo regalaron a mi suegra hace más de diez años (bueno, en realidad no lo sabemos, nadie se acuerda de cuando fue).
Durante la obra de rehabilitación de la casa, pillé a un albañil con un pico y una pala, dispuesto a arrancar el rosal... estaba lleno de cemento, con las ramas partidas. Le tuve que hacer un placaje al pobre hombre para salvarlo.
Pues se salvó del pico y la pala, del cemento y del maltrato.Y aunque no es una planta espectacular y hace poquitas rosas, cada una es preciosa. Así, sin más adjetivos: preciosa.








Este señor se llama Chrysler, y lo compré.


Pregunté en un foro de expertos cual era el que mejor me iba para mis necesidades, me dieron varias opciones y, como siempre... hice lo que me dió la gana.
Compré este porque me dijeron que olía bien. Pues no huele a nada.
Eso sí, es espectacular, se llena de rosas toda la pared.
Cada una de las rosas no dice gran cosa, pero todas juntas hacen un conjunto muy bonito que ilumina mi pared.



Aquí tenenos a don Botero. regalo de cumpleaños de mis compañeros de oficina.


Don Botero es curioso, porque hace muy pocas, muy poquísimas flores. Florece una o a lo suma dos veces durante el año y el resto sólo tiene hojas.
Pero cada una de esas flores es una sinfonía en sí misma. Son grandes, granates, gordas (todo con g...). duran muy poco y pesan tanto que si llueve se pochan enseguida.
Pero huelen... de maravilla...
Me gusta... aunque creo que no pega nada conmigo... demasiado sofisticado y demasiado frágil... y aún así me gusta y ahí está, acompañando al jazmín.





Y por último, pero no por ello menos importante, la bella desconocida.
Esta chica está en una casita que tenemos en la costa. No sé de donde salío, aunque por el pie creo que es un esqueje. Ya estaba aquí cuando yo llegué y mi suegra no recuerda como apareció allí.
Cada invierno las tormentas marinas la destrozan, se quema, se parte... queda tan deteriorada y tam fea que varias veces he pensado en quitarla o por lo menos cambiarla de sitio.
Pero luego llega la primavera y renace de sus ramitas negras, y en pocos días se llena de delicadas rosas blancas con una suave sombra rosa... y se me quitan las ganas de hacerla desaparecer.
Aquí la tienen, ¿a que se merece el indulto?







Vaya, mira que dije que no iba a escribir y sólo enseñar fotos...

martes, 5 de abril de 2011

Ojalá pudiera...

Ay, hoy me levanté nostálgica...







Ojalá pudiera…



Ojalá pudiera prestarte un segundo.


Un pequeño segundo bastaría para que pudieras ver lo que otras, otros han visto, hemos visto antes.


Si pudiera enviarlo por correo, por mensajero, aun cuando tuviera que llevarlo en persona, ese modesto segundo sería suficiente.


Si tuviera una bola de cristal, te podría hacer ver que ese segundo sin duda existirá algún día.


En realidad es tan breve el momento en el que todo el universo se acomoda por fin.


Porque todas las horas, todos los meses, todas las semanas se resumen en ese ínfimo instante en que te das cuenta de que has dejado de amarle, y la vida vuelve a comenzar.