viernes, 25 de marzo de 2016

Un pequeño ejercicio de imaginación

Te propongo un ejercicio de imaginación.
Imagínate que eres pequeña. No sé, siete u ocho años bastará.
Ahora imagina tu vida.
Vives en casa con papá y mamá. Vamos a suponer que vives en un pueblo pequeño donde todos se conocen, ¿Vale?
Vas a la escuela, juegas en la calle con tus amigos, vas a la playa…
También sales a veces de excursión, o al cine, o al bar a jugar a las máquinas.
Normal, ¿no?
Ahora sigue imaginando.
Imagina que papá está de mal humor, cada día más. Ya no tiene tiempo de jugar contigo y cada día pasa más tiempo fuera de casa.
Mamá parece preocupada, escucha mucho la radio (no tienes televisión) y cada vez sale menos a la calle.
Un día viene tu mejor amiga y te cuenta que se van a ir a vivir a otro sitio toda la familia. Tú lloras y protestas, ella también llora, pero da igual. Se van.
Es la primera, pero detrás se van más. Cada día falta alguien en la escuela, los pupitres se van vaciando. Hasta que un día ya no hay escuela.
Poco a poco las familias van abandonando el pueblo “para irse a vivir a otro sitio”
Tú no entiendes nada, pero claro, eres una niña pequeña, ¿qué vas a entender?
No hay escuela. Bien!!! A jugar en la calle.
Pero no, no te dejan jugar en la calle.
En tu pueblo ya casi no quedan niñas. Se han ido casi todas. Y las que quedan no salen a la calle.
Y hay una cosa que se llama “Toque de queda”. Sólo los hombres salen a la calle. Por las noches suena una sirena y un coche lleno de soldados con metralleta recorre el pueblo sin parar. Mamá cierra las ventanas y las persianas y te dice muy seria que no las abras.
Y estás así, no sabrías decir cuanto tiempo. En casa con mamá.
Y papá cada día más preocupado, cada día de peor humor.
¿Cómo llevas la imaginación? ¿Bien? Seguimos.
Un día te pones mala. Tienes mucha fiebre y te duele mucho la cabeza. Pides a mamá que avise al médico. Pero no hay médico, también se fue.
Y entonces esa noche, papá viene muy nervioso y te dice que tiene algo que contarte.
Te cuenta que hay una guerra. Que otro país nos va a invadir y que nos tenemos que ir porque están cerca. Imagina que tontería,¿ otro país te va a invadir? Si esas cosas solo pasan en las películas. ¿Y a donde vas a ir?
Papá dice que de momento a casa de la abuela y luego ya se verá. Imagina, la abuela. Pero si vive a cinco horas de avión…
Pero no es una película. Papá te dice que hay que irse muy deprisa y que sólo puedes coger una caja con tus cosas.
Y tú, que solos tienes ocho años no sabes qué es lo que tienes que coger. Y coges a tus dos gatos y los metes dentro de la caja.
Pero papá dice que no puede ser. Alguien viene y se los lleva. Y a todos los perros del pueblo. Y te cuentan que es mejor así, que cuando nos invadan habrá guerra y… bueno, que es mejor.
Y entonces, no coges nada. Te quedas allí en mitad de tu cuarto, de tu ropa, de tus juguetes. Y no sabes que hacer.
Papá y mamá están varias horas empaquetando cosas. Tú sigues sin entender nada. Discuten. Mamá quiere meter la lavadora en el coche. Dice que aún no la han acabado de pagar. Papá dice que no cabe. Al final la meten.
Y antes de que salga el sol, sales a la calle.
Recuerda que tienes ocho años, ¿Vale? Que lo que sabes de la vida es lo que has visto en el cine del pueblo.
Hay varios coches en la calle, algunos carros y gente. Gente con bolsas, con fardos, con mochilas. Hay camionetas cargadas de cosas y otras cargadas de gente. Todo el mundo se va. Dice papá que esta vez es de verdad, que no quedará nadie en el pueblo.
Tú sigues con mucha fiebre y te agarras a mamá. Mamá… esa persona siempre tan segura de sí misma, tan lista, tan activa. Mamá está en estado shock y no parece saber lo que tiene que hacer.
Papá te dice que montes en una furgoneta llena de gente con mamá. Y que te vayas a donde te lleven. Él se sube en el coche lleno de cosas, y la lavadora. Y se aleja. Lo pierdes de vista.
Aquella furgoneta te lleva a la playa y allí te hacen bajar. En la playa hay un barco muy raro, lleno de soldados. Y gente, mucha, mucha gente.
Y todos suben a aquel barco. Papá no está.
Todo es muy rápido, cuando el barco está lleno, se aleja de la playa. Todos están sentados en el suelo y hay un pitido muy fuerte. Alguien dice que eso es “zafarrancho de combate” y que hay que quedarse en el suelo sin moverse. Ese “zafarrancho” es muy aburrido, no te dejan moverte.
Tú tienes hambre y sed, mucha sed. Ardes de fiebre. Mamá sigue asustada y no te suelta en ningún momento. Y nadie te da de comer ni de beber. La orden es no moverse.
Pasan las horas en alta mar y no sabes lo que pasa. Papá sigue sin estar.
El tiempo empeora y se forma una tormenta. Lo que faltaba. El barco se mueve mucho, la gente se empieza a encontrar mal, allí en el suelo entre fardos. No hay baño.
Empieza a oler muy mal.
Llega la noche y Papá sigue sin estar. Mamá no habla, no dice nada.
La tormenta es cada vez más fuerte. Estás mojada, helada y asustada. Y nadie habla.
Entonces viene un soldado a hablar con mamá. No oyes lo que dice, pero empiezas a moverte. Todo el mundo se mueve, deprisa, deprisa.
Oyes gritos pero no sabes lo que pasa. Está oscuro, no hay ninguna luz y el suelo se mueve mucho.
Hay mujeres que gritan, otras que lloran, y se oyen hombres que dan órdenes. Discuten, se enfadan. Tienes mucho miedo.
Alguien te coge en brazos,  mamá grita, grita mucho, nunca la habías oído gritar así. Estás aterrorizada, cierras los ojos. Y te tiran. Sales volando por encima de la borda del barco.
¿Qué? ¿Cómo lo llevas? ¿Te está costando mucho imaginarlo?
Sí, ya lo sé, no es un buen momento para parar la historia. Seguimos.
Estabas volando por los aires en mitad de la noche, en alta mar en una noche de tormenta.
Bueno, no soy tan mala, no te voy a hacer imaginar algo horrible. Te tiran por la borda del barco, pero lo que tú no sabes es que hay otro barco, mucho más grande al lado y que sales volando a través de una escotilla para caer directamente en los brazos de papá. Papá, que no sabes como ha llegado hasta allí, pero que seguro que ahora lo arreglará todo.
Desde aquella escotilla y mucho más tranquila ves como poco a poco van pasando gente de un barco al otro.
Se mueven mucho y no están al mismo nivel. Suben y bajan y parece que entre los dos tiene que desaparecer la gente que poco a poco va saltando.
Mamá no tiene valor para saltar, y un soldado la empuja.
Después de un rato interminable, pasan todos y el primer barco se aleja.
Papá había embarcado hacía ya tiempo y te tiene una sorpresa. Hay un médico. El médico te mira y dice que no tienes nada grave. Te ponen una inyección y te acuestan en una cama. UNA CAMA!!
Tú y mamá están encerradas dentro de un cuarto minúsculo, pero por lo menos ya no tienes fiebre. Papá dice que mejor no salir, pero tú estás cansada y quieres respirar aire libre, así que desobedeces y sales de aquel cuarto.
Estás dentro de un barco bastante grande y hay un pasillo lleno de gente. De mucha gente. Muchos son soldados jóvenes, también hay civiles, aunque sólo ves hombres. Las mujeres y los niños están todos dentro de cuartos como el tuyo.
No llegas a salir al exterior. No se puede pasar de tanta gente por los suelos. Y no hay agua. El olor… Hay un olor tan indescriptible que automáticamente vomitas en el suelo, como hace todo el mundo. Y vuelves a entrar en la seguridad de tu minúsculo cuarto.
La tormenta sigue dos días más, y entonces el barco deja de moverse. Y a la tercera mañana, papá dice que ya puedes salir.
Han limpiado el pasillo, y toda la gente que estaba en el suelo ahora está en cubierta. Luce el sol y parece que el fin del mundo acabe de pasar.
Oyes hablar de bombas, ataques, combates. En el cielo se ven aviones grises y tu barco está rodeado de barcos de guerra. Todo el mundo parece aliviado. Nadie repara en una niña pequeña que se pasea entre tanta gente. Y entonces un grupo de soldados te ve y te llama. Te preguntan de dónde eres, y tú les cuentas que eres de un pueblo muy bonito, pero que ahora lo van a invadir y te vas a casa de tu abuela. Aquellos soldados te miran y te hacen carantoñas, te preguntan si te quieres hacer una foto con ellos, para enseñársela a su familia… Y a ti te gustan las fotos. Pero dices que no, porque estás sucia y hueles mal. Hace una semana que no te bañas ni te peinas, ni te has cambiado de ropa. Ellos se ríen, dicen que ellos tampoco se han bañado y que en la foto no se notará.
¿A que ahora es más fácil de imaginar? Ya estamos acabando.
Pasas varios días en aquel barco. No hay agua para bañarse, pero sí que hay baño. ¡Menos mal! Eres la única niña que ha embarcado y todo el mundo te trata muy bien.
Y una mañana, llegas a puerto.
Por fin.
Y cuando el barco atraca, mamá te coge de la mano y empiezas a bajar la escalerilla. Hay mucha gente esperando, médicos, ambulancias, bomberos, y cámaras, muchas cámaras grabando. Tú no entiendes nada, ¿Para qué hacen falta los médicos? Si tú ya estás bien.
Mamá pasa de largo de toda aquella gente y busca una cara conocida en el puerto. Ve a alguien, lo saluda. Y aquí se acaba la historia. No hay nada más.
Lo curioso de cuando tienes ocho años es que sólo recuerdas lo que tu cabecita quiere recordar y el resto desaparece.
¿Cómo le ha ido a tu imaginación? ¿Has conseguido meterte en la historia?
Pues ahora ya no hace falta que imagines más.
A mí no me hace falta usar mi imaginación. Me basta con cerrar los ojos y todo vuelve a cobrar vida. Un año tras otro… Como si fuera hoy.
Han pasado  40 años y veo imágenes, leo opiniones y hay una frase que me martillea el cerebro.
Putos moros. Yihadistas. Terroristas
¿Sabes? Te aseguro que en aquel barco, aquella noche, ni a mi padre ni a mi madre les importaba un pimiento si entre toda aquella gente que huyó con nosotros había un asesino. Había que irse como fuera y nos fuimos.  Y a todos esos miles de padres y madres que están huyendo con sus hijos también les importa un pimiento si el de la tienda de al lado es un asesino. Huyen y punto.
Y lo hubiéramos vuelto a hacer.
¿Y sabes otra cosa?
No nos fuimos porque quisiéramos hacerlo. Nos fuimos porque nos invadieron. Hubo quien se quedó y pagó con su vida o con el destierro.
Y no volvimos porque no se nos permitió. Mi padre lo intentó, pero lo que encontró fueron ruinas y minas.
Y si hoy, 2016 se pudiera volver, en las mismas condiciones en las que estábamos hace 40 años, yo volvería y dejaría atrás este primer mundo.  Y criaría allí a mi hija. Pero no se puede.

Yo no sé cual es la solución. Y desde luego aunque lo supiera no serviría de nada. Pero cerrar los ojos no la es.

jueves, 6 de febrero de 2014

Pizza de salmón

En casa nos encanta el salmón de todas las maneras.
En verano cenamos muchas veces tartar  de salmón ahumado,  que está buenísimo, pero es un plato frío y en invierno no apetece tanto. He ido probando diversas recetas calientes y hoy traigo esta que hice el otro día y nos encantó.
Pizza de salmón ahumado,  tremendamente fácil.  La masa se puede comprar pero si se animan a hacerla verán la diferencia.

Para la masa:
400 gr. De harina
Un vaso de agua templada y en el mismo vaso un dedo de aceite de oliva.
Una nuez de levadura de panadero. La de Mercadona se vende en paquetitos de dos, pues medio cuadradito.
Yo no le pongo sal,  me gusta que no tape el sabor de los demás ingredientes.

Para la cobertura:
Un paquete de salmón de 100 g
Una cucharada de alcaparras.

Dos o tres cucharadas de tomate frito.

Una cebolla mediana.

Queso mozzarella para pizzas
Eneldo
Un diente de ajo
La ralladura de un limón.


Hacer la masa:

Diluir la levadura en el agua templada.

En un cuenco poner el agua con levadura,  el aceite y ir amasando la harina hasta que se forme una masa elástica que no se pegue a los dedos.

Hacer una bola y dejarla reposar en un sitio templado tapada con un trapo.

Precalentar el horno a 180 grados.


Hacer la cobertura:


Mezclar la mozzarella con una cucharadita de eneldo,  un diente de ajo picado y la ralladura de un limón.

Coger la masa que teníamos reservada y extender muy fina. Yo lo hago sobre un molde de pizza aceitado y la dejo lo más fina que puedo sin que se rompa. Uno o dos milímetros.

Extender una capa fina de tomate frito y encima extender la mezcla de queso.

Cortar la cebolla en rodajas muy finitas y repartirlas por encima.

Repartir una cucharada de alcaparras.

Aquí viene la novedad: se hornea la pizza antes de poner el salmón.

Horno medio 20-25 minutos, con la bandeja a la mitad y calor arriba y abajo.

Cuando ya está hecha y sin que se churrusque el queso,  sacamos la pizza y extendemos por encima las lonchas de salmón que con el calor soltarán un poco de grasita.


Y a comer!! 

lunes, 24 de junio de 2013

Acaricie usted al gato, señora!

Hoy les voy a contar un par de cositas.
Prometo dos cosas: que intentaré no enrollarme demasiado y que al final, (aunque no lo parezca) hay un gato.

En los dos últimos años he "recalculado" bastante mi vida. Ya no sólo por el hecho de ser mamá de una niña maravillosa, que ya es bastante motivo para todo tipo de recálculos, sino por estrictos motivos de salud.
No les voy a aburrir con los detalles, porque son, además de aburridos, un punto entre desagradables y descorazonadores.
Así que simplemente les contaré que después de muchos meses de dar vueltas por diversas especialidades, hace un año me diagnosticaron Síndrome de Fatiga Crónica/Encefalomielitis Miálgica. Que es una faena como otra cualquiera.
Ya les digo que es un rollo, así que sólo les contaré que me paso la vida entre cansada y con dolores variados, con un complejo a medias entre ancianita desvalida y gusano arrastrado. Si les interesa más información lo buscan por ahí, pero casi que mejor que no lo busquen, que se van a deprimir.
El caso es que de momento no hay tratamiento, y la medicina se limita a ir tratando síntomas, cargándote de medicinas una detrás de otra, y luego recargándote de más medicinas para contrarrestar los efectos secundarios de las primeras.
Y lo de trabajar, pues según los días se hace bastante cuesta arriba. Vas al trabajo como si te hubieras pegado todo el fin de semana de botellón y estuvieras recién llegado del "after". Claro que a quien te paga eso le suele importar bastante poco, y en los tiempos que corren faltar al trabajo o trabajar mal es asumir demasiados riesgos.
Ya les digo, un rollo.

Ay, que ya me estoy liando y no voy a donde yo iba, a lo del gato.
El caso es que  tuve la suerte de topar a la primera con un médico que entiende la medicina no como un atiborramiento de pastillas, sino como un tratamiento integral de la persona. Que no es fácil, ¿eh?
Y, después de la maravillosa noticia de : "No tienes nada mortal, pero tampoco se cura, así que vas a tener que hacer algunos cambios en tu vida para adaptarte", vino el nuevo plan de vida.
En primer lugar me quitó casi todos los medicamentos, me recomendó algunos remedios de fitoterapia  y me dijo que tenía que aprender a controlar el dolor de otra manera.
¿Y qué manera?

Pues metiéndome en la bañera a jugar con mi niña y el patito de goma.

Dedicando varias horas a la semana a hacer algo que me gustara.

Dando paseos por la playa. que menos mal que la tengo a diez minutos.

Dejando el trabajo en la oficina y olvidándome hasta de comentarlo cuando estoy en casa. Complicado, ¿eh? que yo cuando mejor resuelvo los problemas laborales es durmiendo.

Haciendo ejercicio (esto es lo peor, anda las ganas que tengo yo de hacer gimnasia cuando me duelen hasta las patillas de las gafas).

Cuidar la alimentación y la hidratación. Productos poco procesados, pocas grasas, nada de fritos y todas esas cosas que te cuentan en las dietas. Yo que no he hecho dieta en mi vida, ahora digo que estoy a dieta y cuando me ven lo poco que peso, hay quien se cachondea y todo.

Y alejarme de las fuentes de radiación.

Que sí, que ya nos acercamos al gato...

Lo de las fuentes de radiación tiene su aquel. Parece ser que las radiaciones tienen su importancia en esta enfermedad. Y la sobrecarga de energía empeora los síntomas.
¿A que parece ciencia ficción? Pues les juro que este médico es un señor de lo más serio, Tan serio que hasta da cosita interrumpirle cuando habla.
Así que toca apagar el WIFI, sacar todos los aparatos electrónicos del dormitorio, móvil, teléfono inhalámbrico y despertador incluidos y evitar en lo más posible cosas como el microondas.
De vuelta al despertador de campana...
Ah, y el granito. Se ve que emite gas radón... Lo mejor es poner la mayor cantidad de madera posible en la casa.
Y ventilar el dormitorio por las mañanas.
No, si al final acabaré creyéndome lo del Feng Shui...
Bueno, sigo, que seguro que hay quien ya se va dando cuenta de cuando llega lo del gato...

Luego viene lo de la ropa. Toda de algodón, lino y fibras naturales. Nada de fibras sintéticas, que recargan demasiado.
Y la ropa de casa también, ¡fuera alfombras sintéticas!, ¡Hola alfombras de fibras y de algodón!

Y sí, ahora.

Y por último, acariciar al gato.

Acariciar al gato descarga de electricidad estática, baja la presión sanguínea y las pulsaciones.
No es que no lo supiera. Cualquiera que se mueva por Facebook seguro que lo ha leído millones de veces. Ya sabemos que la principal misión de Facebook es poner cosas sobre gatos y perros. ¿O no?

Pero que te lo diga un reumatólogo de lo más reputado con la misma cara con la que te receta un modulador del dolor, descoloca.
Así que, después de una serie de consejos sobre nutrición, decoración, moda y tiempo de ocio,  les juro que salí de la consulta muerta de la risa. Y que si llego a saberlo, lo grabo para enviárselo a más de uno.

Y como, mira por donde, resulta que tengo dos gatos, pues los iré turnando para no sobrecargarlos, pobrecillos.

Así, que mi recomendación para el verano:
Comida sana.
Bebida sana.
Ropa de algodón.
Un poco de ejercicio.
Mucha vida familiar.

Y, ¡Acaricie usted al gato, señora!


lunes, 3 de junio de 2013

Solomillo Wellington

Pues sí, la entrada de hoy va de recetas.
¿No les ha pasado nunca tener un día realmente de perros? De estos que si pudieras borrarías del calendario.
No por nada en especial, ni por nada que haya pasado, o no pasado. O quizá porque han pasado demasiadas cosas, o demasiado pocas. O simplemente porque sí, porque es un día de perros.
Pues a mí, cuando me pasan por encima un día de estos, me da por comer.
Que digo yo, que si la vida me va quitando poco a poco la posibilidad de disfrutar de algunas cosas, por lo menos que no me quita la capacidad de disfrutar de una buena comida. No todavía.
Así, antes de que aparezcan cosas tan feas como el colesterol, el ácido úrico y otras muchas "zarandajas" que te ponen irremediablemente a dieta, yo sigo aquel antiguo refrán español que dice : "Las penas con pan son menos"
Que sí, que ahora viene la receta.
El caso es que esta tarde tuve un repentino antojo de cenar algo decente y que tardase más de cinco minutos de elaboración.
Me fui a la carnicería, y me traje un hermoso solomillo de ternera.
Y como hacía tiempo que tenía ganas de hacer algo cono hojaldre, me decidí a atreverme con un solomillo Wellington. Nunca había hecho uno así que.. por si acaso también compre huevos y papas.

Vale, ya viene la receta.

SOLOMILLO WELLINGTON (A MI MANERA)
INGREDIENTES:
Un solomillo de medio kg, pedido con mucho cariño al carnicero.
Aceite de oliva virgen extra. Cuanto más buena, mejor sabrá.
Mantequilla
Una cebolla grandota
Una bandeja de champiñones fresquísimos del pueblo de aquí al lado
Vino (en este caso un rioja del 2006...)
Papas de mi pueblo, para acompañar.
Sal
Azúcar
Pimienta. Yo uso uno de estos molinillos que te venden con mezcla de diversas pimientas.
Hojaldre. Se puede elaborar a mano. Yo, como fue un antojo, cogí uno del LIDL que siempre tengo congelado para imprevistos.

En una sartén bien honda se dora el solomillo por todos los lados, bien doradito. Yo le voy poniendo la sal y la pimienta mientras lo doro.
Una vez dorado, le echo un chorrito de rioja y cuando hace ebullición, apago el fuego, tapo la sartén y lo dejo enfriar.

En otra sartén, pongo  un chorrito de aceite de oliva y una cucharada de mantequilla. Cuando hace espumita echo la cebolla cortada en juliana muy finita, una cucharadita de sal y otra de azúcar y lo dejo que se vaya caramelizando poco a poco a fuego suave. 15 o 20 min, según el fuego.

Cuando ya está hecho, cojo la hoja de hojaldre, pongo el solomillo encima, sobre el solomillo pongo la mitad de la cebolla y lo tapo con el hojaldre.

Me sabe mal, no hay fotos, del paso a paso, iba yo con prisas... seguro que por la red se encuentran mil y un modelos para envolver el solomillo y que quede bonito.

Al horno a 180 grados. Yo lo tuve 30 minutos. Depende de lo gordo que sea el solomillo y de lo bien hecho que te guste.

Mientras se hace en el horno, mezclé lo que me quedó de la cebolla con lo que me quedó de dorar el solomillo, el jugo que soltó y la reducción del vino. a esto le añadí los champiñones fileteados y los tuve unos 15 minutos a fuego lento.

Por ahí te dicen que tritures la salsa y se la pongas de acompañamiento. A mí es que me gusta encontrarme los tropezones y no la trituro nunca.
Para triturarla conviene tener caldo, para darle el punto de liquidez más adecuado. O agua, pero aquí pierde sabor.

Cuando el solomillo está bien hecho (yo le clavo un pinchito metálico y si está blandito, es que ya está) se saca del horno, se presenta rodeado con la salsita y con unas papas fritas, o hervidas, o como más les guste.

Y a comer!!!

Les aseguro que estaba buenísimo. No me dio tiempo ni de hacerle fotos antes de hincarle el diente.






lunes, 20 de mayo de 2013

Un amigurumi de Peppa Pig

Pues sigo practicando con el ganchillo. Resulta que no es tan complicado como me parecía, y llega a ser bastante relajante.
El caso es que, como no me gusta perder el tiempo, voy practicando haciendo cositas que no haya que tirar (si puede ser)
La siguiente petición fue "Hacerle una amiguita a Hello Kitty"
Kitty fue un regalo que Inma (Un cachito de Macu!) le hizo a Nuria, y la pobre está "muy cansada" de jugar. Ya le he tenido que arreglar los cordones y los bigotes.
Y como  es el único amigurumi que tenía, Nuria pidió una amiguita para hacerle compañía. Y la amiguita, tenía que ser, precisamente Peppa Pig.
No es tan fácil, especialmente si eres una absoluta novata como yo. Y la verdad es que la pobre, sólo se parece a Peppa Pig en los colores.
Pero mira, Nuria está contenta con su nuevo juguete, Kitty de momento no se ha quejado y yo ya sé hacer algunas cositas más con el ganchillo.
Aquí las tienen a las dos haciéndose confidencias:

No es fácil encontrar patrones gratis de Peppa Pig para hacer a ganchillo. Esta en concreto es muy pequeña, me gustaría hacer una un poco más grande cuando tenga más manejo del material. Y ya puestos hacer también a su hermanito.
El patrón que utilicé, aquí: Patrón Pepa Pig amigurumi
Está en inglés, pero es muy fácil de seguir. Espero que les guste.

domingo, 12 de mayo de 2013

Un regalito para Mau

A Mau le gustó mucho el muñeco de nieve, y tuve un pequeño problema de "propiedad", se empeñó en llevárselo para jugar.
Así que lo más sencillo era hacerle un juguetito a ella.
El patrón aqui:
Patrón ratoncito

Está en inglés, pero es fácil de seguir.


 Y aquí ya "ejerciendo de juguete"





sábado, 4 de mayo de 2013

Nevado

Pobre Nevado, empezó siendo una bola roja, luego una bola medio roja, medio blanca, después Nuria decidió que tenía que ser un muñeco de nieve y que necesitaba una cabeza.
El caso es que me ha servido para practicar el ganchillo, seguro que el próximo sabrá lo que es desde el principio.
Aquí está, un poco fuera de lugar entre tanta exuberancia primaveral.