lunes, 24 de junio de 2013

Acaricie usted al gato, señora!

Hoy les voy a contar un par de cositas.
Prometo dos cosas: que intentaré no enrollarme demasiado y que al final, (aunque no lo parezca) hay un gato.

En los dos últimos años he "recalculado" bastante mi vida. Ya no sólo por el hecho de ser mamá de una niña maravillosa, que ya es bastante motivo para todo tipo de recálculos, sino por estrictos motivos de salud.
No les voy a aburrir con los detalles, porque son, además de aburridos, un punto entre desagradables y descorazonadores.
Así que simplemente les contaré que después de muchos meses de dar vueltas por diversas especialidades, hace un año me diagnosticaron Síndrome de Fatiga Crónica/Encefalomielitis Miálgica. Que es una faena como otra cualquiera.
Ya les digo que es un rollo, así que sólo les contaré que me paso la vida entre cansada y con dolores variados, con un complejo a medias entre ancianita desvalida y gusano arrastrado. Si les interesa más información lo buscan por ahí, pero casi que mejor que no lo busquen, que se van a deprimir.
El caso es que de momento no hay tratamiento, y la medicina se limita a ir tratando síntomas, cargándote de medicinas una detrás de otra, y luego recargándote de más medicinas para contrarrestar los efectos secundarios de las primeras.
Y lo de trabajar, pues según los días se hace bastante cuesta arriba. Vas al trabajo como si te hubieras pegado todo el fin de semana de botellón y estuvieras recién llegado del "after". Claro que a quien te paga eso le suele importar bastante poco, y en los tiempos que corren faltar al trabajo o trabajar mal es asumir demasiados riesgos.
Ya les digo, un rollo.

Ay, que ya me estoy liando y no voy a donde yo iba, a lo del gato.
El caso es que  tuve la suerte de topar a la primera con un médico que entiende la medicina no como un atiborramiento de pastillas, sino como un tratamiento integral de la persona. Que no es fácil, ¿eh?
Y, después de la maravillosa noticia de : "No tienes nada mortal, pero tampoco se cura, así que vas a tener que hacer algunos cambios en tu vida para adaptarte", vino el nuevo plan de vida.
En primer lugar me quitó casi todos los medicamentos, me recomendó algunos remedios de fitoterapia  y me dijo que tenía que aprender a controlar el dolor de otra manera.
¿Y qué manera?

Pues metiéndome en la bañera a jugar con mi niña y el patito de goma.

Dedicando varias horas a la semana a hacer algo que me gustara.

Dando paseos por la playa. que menos mal que la tengo a diez minutos.

Dejando el trabajo en la oficina y olvidándome hasta de comentarlo cuando estoy en casa. Complicado, ¿eh? que yo cuando mejor resuelvo los problemas laborales es durmiendo.

Haciendo ejercicio (esto es lo peor, anda las ganas que tengo yo de hacer gimnasia cuando me duelen hasta las patillas de las gafas).

Cuidar la alimentación y la hidratación. Productos poco procesados, pocas grasas, nada de fritos y todas esas cosas que te cuentan en las dietas. Yo que no he hecho dieta en mi vida, ahora digo que estoy a dieta y cuando me ven lo poco que peso, hay quien se cachondea y todo.

Y alejarme de las fuentes de radiación.

Que sí, que ya nos acercamos al gato...

Lo de las fuentes de radiación tiene su aquel. Parece ser que las radiaciones tienen su importancia en esta enfermedad. Y la sobrecarga de energía empeora los síntomas.
¿A que parece ciencia ficción? Pues les juro que este médico es un señor de lo más serio, Tan serio que hasta da cosita interrumpirle cuando habla.
Así que toca apagar el WIFI, sacar todos los aparatos electrónicos del dormitorio, móvil, teléfono inhalámbrico y despertador incluidos y evitar en lo más posible cosas como el microondas.
De vuelta al despertador de campana...
Ah, y el granito. Se ve que emite gas radón... Lo mejor es poner la mayor cantidad de madera posible en la casa.
Y ventilar el dormitorio por las mañanas.
No, si al final acabaré creyéndome lo del Feng Shui...
Bueno, sigo, que seguro que hay quien ya se va dando cuenta de cuando llega lo del gato...

Luego viene lo de la ropa. Toda de algodón, lino y fibras naturales. Nada de fibras sintéticas, que recargan demasiado.
Y la ropa de casa también, ¡fuera alfombras sintéticas!, ¡Hola alfombras de fibras y de algodón!

Y sí, ahora.

Y por último, acariciar al gato.

Acariciar al gato descarga de electricidad estática, baja la presión sanguínea y las pulsaciones.
No es que no lo supiera. Cualquiera que se mueva por Facebook seguro que lo ha leído millones de veces. Ya sabemos que la principal misión de Facebook es poner cosas sobre gatos y perros. ¿O no?

Pero que te lo diga un reumatólogo de lo más reputado con la misma cara con la que te receta un modulador del dolor, descoloca.
Así que, después de una serie de consejos sobre nutrición, decoración, moda y tiempo de ocio,  les juro que salí de la consulta muerta de la risa. Y que si llego a saberlo, lo grabo para enviárselo a más de uno.

Y como, mira por donde, resulta que tengo dos gatos, pues los iré turnando para no sobrecargarlos, pobrecillos.

Así, que mi recomendación para el verano:
Comida sana.
Bebida sana.
Ropa de algodón.
Un poco de ejercicio.
Mucha vida familiar.

Y, ¡Acaricie usted al gato, señora!


lunes, 3 de junio de 2013

Solomillo Wellington

Pues sí, la entrada de hoy va de recetas.
¿No les ha pasado nunca tener un día realmente de perros? De estos que si pudieras borrarías del calendario.
No por nada en especial, ni por nada que haya pasado, o no pasado. O quizá porque han pasado demasiadas cosas, o demasiado pocas. O simplemente porque sí, porque es un día de perros.
Pues a mí, cuando me pasan por encima un día de estos, me da por comer.
Que digo yo, que si la vida me va quitando poco a poco la posibilidad de disfrutar de algunas cosas, por lo menos que no me quita la capacidad de disfrutar de una buena comida. No todavía.
Así, antes de que aparezcan cosas tan feas como el colesterol, el ácido úrico y otras muchas "zarandajas" que te ponen irremediablemente a dieta, yo sigo aquel antiguo refrán español que dice : "Las penas con pan son menos"
Que sí, que ahora viene la receta.
El caso es que esta tarde tuve un repentino antojo de cenar algo decente y que tardase más de cinco minutos de elaboración.
Me fui a la carnicería, y me traje un hermoso solomillo de ternera.
Y como hacía tiempo que tenía ganas de hacer algo cono hojaldre, me decidí a atreverme con un solomillo Wellington. Nunca había hecho uno así que.. por si acaso también compre huevos y papas.

Vale, ya viene la receta.

SOLOMILLO WELLINGTON (A MI MANERA)
INGREDIENTES:
Un solomillo de medio kg, pedido con mucho cariño al carnicero.
Aceite de oliva virgen extra. Cuanto más buena, mejor sabrá.
Mantequilla
Una cebolla grandota
Una bandeja de champiñones fresquísimos del pueblo de aquí al lado
Vino (en este caso un rioja del 2006...)
Papas de mi pueblo, para acompañar.
Sal
Azúcar
Pimienta. Yo uso uno de estos molinillos que te venden con mezcla de diversas pimientas.
Hojaldre. Se puede elaborar a mano. Yo, como fue un antojo, cogí uno del LIDL que siempre tengo congelado para imprevistos.

En una sartén bien honda se dora el solomillo por todos los lados, bien doradito. Yo le voy poniendo la sal y la pimienta mientras lo doro.
Una vez dorado, le echo un chorrito de rioja y cuando hace ebullición, apago el fuego, tapo la sartén y lo dejo enfriar.

En otra sartén, pongo  un chorrito de aceite de oliva y una cucharada de mantequilla. Cuando hace espumita echo la cebolla cortada en juliana muy finita, una cucharadita de sal y otra de azúcar y lo dejo que se vaya caramelizando poco a poco a fuego suave. 15 o 20 min, según el fuego.

Cuando ya está hecho, cojo la hoja de hojaldre, pongo el solomillo encima, sobre el solomillo pongo la mitad de la cebolla y lo tapo con el hojaldre.

Me sabe mal, no hay fotos, del paso a paso, iba yo con prisas... seguro que por la red se encuentran mil y un modelos para envolver el solomillo y que quede bonito.

Al horno a 180 grados. Yo lo tuve 30 minutos. Depende de lo gordo que sea el solomillo y de lo bien hecho que te guste.

Mientras se hace en el horno, mezclé lo que me quedó de la cebolla con lo que me quedó de dorar el solomillo, el jugo que soltó y la reducción del vino. a esto le añadí los champiñones fileteados y los tuve unos 15 minutos a fuego lento.

Por ahí te dicen que tritures la salsa y se la pongas de acompañamiento. A mí es que me gusta encontrarme los tropezones y no la trituro nunca.
Para triturarla conviene tener caldo, para darle el punto de liquidez más adecuado. O agua, pero aquí pierde sabor.

Cuando el solomillo está bien hecho (yo le clavo un pinchito metálico y si está blandito, es que ya está) se saca del horno, se presenta rodeado con la salsita y con unas papas fritas, o hervidas, o como más les guste.

Y a comer!!!

Les aseguro que estaba buenísimo. No me dio tiempo ni de hacerle fotos antes de hincarle el diente.