martes, 25 de enero de 2011

Aventuras en el cuarto de baño




Una de las cosas que no hay que hacer cuando se tiene un bebé en casa es ir al baño y dejarse la puerta abierta.


¿Qué pasa cuando una va al baño y se deja la puerta abierta?
Pues pasa que un terremoto entra y se pone a revolver los cajones y a sacar todo su contenido. Claro que eso es peligroso, en un cuarto de baño suelen haber tijeras, cortauñas, alcohol, desinfectante.
Entonces, ¿Qué es lo que hay que hacer?
Evidente, alejar al pequeño terremoto del peligro. Pero, ¡Ay!, resulta que estás "ocupada" y no te puedes mover.

Sin problema, estiras una pierna y suavemente empujas a tu hija lejos de los cajones.
Por muy suavemente que lo hagas, la nena se enfada y hace lo que los nenes cuando se enfadan: se tira al suelo y empieza a berrear y patalear y refregarse por el suelo.
En ese momento te arrepientes enormemente de cuando fuiste a comprar el desinfectante para el suelo del cuarto de baño y no compraste el "inócuo ecológico" porque era demasiado caro. Por no decir que te apuntas mentalmente decirle al papá de la nena que a partir de ahora en casa se mea sentado...
Pero claro, mientras tú sigues inmovilizada en tu trono con estas sesudas disquisiciones, tu pequeño terremoto ya se ha levantado y está inspeccionando...¡la escobilla del vater!

Muy cuca ella se gira y empieza a demostrarte lo bien que se sabe peinar.

Aquí ya se te olvida el trono, la inmovilidad y todo y te tiras en plancha a quitarle ese "peine" tan original. Con el evidente resultado que la nena se enfada y vuelve a revolcarse por el suelo, y como ahora ya estás levantada en equilibrio inestable, intentas que se vaya fuera del cuarto de baño, procurando no enredarte con los pantalones.

Vaya, parece que lo ha entendido, empieza a caminar hacia la puerta manoteando toda contenta, ¡que bien!

Sí, que bien, te alegras hasta que descubres que el motivo de su alegría es que mientras tú colocabas la escobilla fuera de su alcance, ha cogido el papel higiénico y lo ha lanzado cual pelota de bolos directamente hacia la puerta de la calle.

Ahora tienes dos problemas:
Estás a punto de caerte al suelo mojado del cuarto de baño.
El papel higiénico está a tres metros de tí
La nena aprovecha para volver a buscar la escobilla.

Anda, si eso son tres problemas...

Se me olvidaba que la puerta de la calle es una cristalera... y la gente ve el interior de la casa. Ahora ya son cuatro problemas.

Solución:

De una patada te acabas de quitar los pantalones.
Con un brazo sujetas a la nena antes de que se haga la permanente con la escobilla. Ya puestos te la pones delante (la nena, no la escobilla) para que no se vea que vas sin pantalones.
En un salto felino llegas hasta el papel, y haciendo uso de una agilidad que no sabías que tenías, lo coges y te tiras en plancha otra vez dentro del cuarto de baño antes de que tu vecina de enfrente, que barre la acera, te vea en semejante situación.

Sin soltar al terremoto, arreglas lo que tengas que arreglar, limpias lo que tengas que limpiar (a ser posible, incluida tú), te vuelves a poner todo lo que te falta... Y metes a la nena en la bañera.

Y la próxima vez que te entren ganas de ir al baño recuerda cerrar la puerta...



lunes, 24 de enero de 2011

Flores en el frío

Pues he salido cámara en mano a ver si encontraba algo digno de mención en el jardín.
Cuado empecé a organizar mi jardín hace ya dos años, yo no tenía ni la más mínima idea de plantas (no es que ahora tenga demasiada, la verdad, pero vaya, algo he aprendido)
Me metí en el Foro de Infojardín a pedir ayuda y vaya si la encontré.
Allí aprendí que todas las plantas tienen su sitio y su época, y que si quería un lugar agradable en todas las épocas del año, debía tener en cuenta las plantas que tienen su mejor momento en invierno.
El problema es que estas plantas no suelen ser las más vistosas, y en la mayoría de los Sitios de venta no te las "venden", es decir, hay que buscarlas, preguntar por ellas... No suelen estar en primer plano.

Bueno, el caso es que me dejé aconsejar y ahora en mi jardín hay algunos puntitos de color que alegran el frío del invierno.

Aquí los tienen:

Las Bergenias, en todo su esplendor:


Tecomaria capensis, no sé ni porqué la elegí... pero sus florecillas naranjas alegran la vista.


Mi limonero, el rey del jardín de invierno, cargadito de limones.

La echeveria (ya sé como se llama), explotando en rojo...

Y... bueno, si quieren ver un jardín realmente bien planteado, ya saben, se pasan por El Jardín de Bemi

lunes, 17 de enero de 2011

El tiempo mientras tanto



Hoy les voy a recomendar un libro.
Creo que es la primera vez que recomiendo un libro en mi blog. Supongo que porque nunca me he visto capacitada para recomendar libros. 
No es por nada en especial, simplemente me gusta tanto leer que me leo hasta los prospectos de las medicinas y, claro, no me ve con criterio para recomendar algo que guste a otras personas.
Pero miren, esta vez lo voy a hacer. Y lo voy a hacer no porque me haya gustado este libro (Total, todos me gustan), ni porque haya quedado finalista del Premio Planeta 2010 (que me perdonen los del Planeta, pero quedar finalista muchas veces no es garantía de nada...
Lo voy a hacer porque después de leerlo me he dado cuenta de unas cuantas cosas.
Me he dado cuenta de que, a pesar de que soy una cotorra declarada que habla hasta debajo del agua, la mayor parde de las veces se me quedan cosas por decir. Y las cosas que se me quedan por decir son las más importantes.
Cosas como: te quiero, me gusta esa camisa, estás hoy muy guapa, me alegro de verte hoy, ¿estás bien?, ¿quieres que tomemos un café juntas?, feliz cumpleaños...
Voy siempre tan deprisa, tan acelerada, tan agobiada, que muchas veces se me olvidan los pequeños detalles con la gente que me rodea. Esos pequeños detalles que a lo largo de los años hacen que la vida tenga ese punto de ternura, de alegría, de cariño...

Y eso es lo que me hizo ver este libro, que por otro lado es tremendamente triste.

Hace tiempo que decidí que no volvería a leer un libro triste, ni una noticia triste, ni a ver una película triste. y desde luego que si me hubiera leído la sinopsis habría desechado este libro.
Pero me alegro de haberlo hecho, porque me ha hecho ver cosas que se me estaban pasando.

Y por eso lo recomiendo...

Y... eso es todo por hoy...

sábado, 8 de enero de 2011

Uno cortito, con muy mala leche...


De entre todos los regalos de navidad, Marcela miraba uno con intriga.



El envoltorio no le indicaba donde se lo habían comprado, pero por el tacto parecia algo de ropa. Lo abrió con ansia, intentando que el papel no se dañara para poderlo dejar luego como estaba.
Efectivamente, era un hermoso vestido entallado, como los que envidiaba a Maria, esa novia tan flaca que se había echado su hijo.


La etiqueta la habian borrado, pero la tela parecía buena. Se apuntó mentalmente preguntar a la mañana siguiente de quien era y cuanto había costado.
Ella sólo llevaba cosas caras.


Sin pensarlo mucho se lo probó, total, nadie se iba a dar cuenta. El vestido le sentaba estupendamente, incluso disimulaba los 90 kilos que pesaba, aunque... parecía como si encogiera por momentos, le estaba empezando a apretar...


A la mañana siguiente, cuando su marido se levantó para ver los regalos de Navidad, encontró a Marcela en el suelo con un vestido amarillo tan estrecho, que la habia estrangulado. Entre los dedos apretaba una tarjeta:


"De tu nuera, que te quiere"