sábado, 20 de diciembre de 2008

El árbol pintado


Cuando nuestro querido Carde tuvo la feliz idea de un cuento compartido, y yo tuve la loca idea de apuntarme, me puse a escribir sobre un secreto de navidad. Un secreto que estaba guardado en mis recuerdos. El secreto de mi árbol pintado.

Pero no me cabía en 80 palabras, y no me cabía en el alma.

Así que saqué a pasear a Perlita, y destrozó el Belén de alguien, jejejeje



El primer relato lo acabé, y aquí lo tienen:




El árbol pintado









Lo cuento como lo recuerdo.
Cuando era pequeña, los Reyes Magos venían puntualmente cada 6 de enero a mi casa, y me dejaban algunas cositas que mi madre se aseguraba de puntualizar:

- Esto es de parte de tu abuela, aquello de tu otra abuela, lo de más allá te lo encargué yo… -

En mi pequeño pueblo éramos muy pocos niños europeos, quizá diez o doce, así que los Reyes Magos tenían más bien poco trabajo.
Un año llegó a vivir una niña, hija del médico. Tenía una extraña enfermedad en la sangre, no coagulaba bien y una pequeña herida la podía matar. Nunca salía de su casa ni para ir a la escuela. Como éramos sólo tres niñas de mi edad, nos llevaban a su casa a hacerle compañía, y jugábamos sentaditas en una mesa sin hacernos daño.

Esta niña tenía una bonita casa y me gustaba mucho ir. Disfrutaba de una habitación llena de juguetes y un armario lleno de ropa lindísima.
La primera navidad que pasó en nuestro pueblo fuimos a visitarla y nos enseñó orgullosa una extravagancia: un árbol de navidad, un hermoso abeto natural adornado con bolitas, espumillón y luces parpadeantes, rodeado de cajitas envueltas en papel de regalo y lacitos de colores.
Aquello era nuevo, una costumbre extranjera que ninguna conocíamos, y nos dejó extasiadas.
Claro que cuando llegué a casa empecé con mi cantinela:
- Natalia tiene un árbol de navidad…-
- Papá, yo también quiero uno, por favor…-
Imagínense: encontrar un árbol de navidad en mitad del desierto del Sáhara… una extravagancia, por demás cara…

Bueno, no es porqué yo lo diga, pero era una niña muy comprensiva, y después de dar un poco de lata a mi pobre padre, olvidé el árbol de mi amiguita y me dediqué a vigilar mi “niño Jesús”, que colocado en la mesita del salón, era el lugar donde los Reyes Magos me dejaban mis regalos cada 6 de enero.

Al año siguiente, como siempre llegó la navidad y sacamos nuestro niñito Jesús, que dormía en su cajita. Mi madre y yo lo colocamos en la mesita del salón y empezamos la cuenta atrás hasta el día de Reyes.

Pero mi padre nos tenía una sorpresa. Cuando ya estaba la casa preciosa con sus lacitos y guirnaldas, me hizo cerrar los ojos y salió de la habitación.
Cuando los abrí, un hermoso árbol de navidad estaba en medio del salón.
No era como el de mi amiga. Este tenía un tronco liso y verde brillante, y en vez de hojas tenía sus ramitas envueltas de tiras de rafia de colores. Estaba adornado con bolitas blancas, rojas, azules y amarillas, y tenía pequeñas cajitas colgando de las ramas más grandes.
Aquel árbol era el más bonito del mundo, y mi padre se llevó el abrazo más grande del universo. ¡Me había traído mi árbol!

Me fui corriendo a casa de mi amiga, a contárselo.

Le dije que mi árbol era tan bonito, que mi padre era el mejor padre del mundo, y que ese año a mí también me dejarían regalos el 25 de diciembre, como a ella.
Su árbol era todavía más grande que el del año anterior, y tenía todavía más luces y adornos.
Pero este año yo también tenía el mío.
Fueron unas navidades estupendas. Yo le contaba cosas de la escuela, y de los juegos de la calle, y ella me dejaba jugar con sus muñecas, sus cocinitas y sus peluches, y me dejaba probarme aquella ropa tan linda, que no se le llegaba a estropear nunca de tan poco que la usaba.

El día de Navidad, como el año anterior, fuimos las amiguitas a su casa a ver los regalos y nos encontramos con una sorpresa: estaba vestida para salir a la calle. Su abuelita había venido a pasar las navidades con ellos y la iba a sacar de paseo, por primera vez en meses.
Con mucho cuidado para que no se dañara, salimos todas a la calle y fuimos de casa en casa viendo los regalos. A mí me tocó ser la última.

Cuando llegamos a casa, mi amiga, su abuela, las otras niñas y yo, fui corriendo a enseñarles mi árbol y mis regalos.
Y entonces mi amiga se volvió a su abuela y dijo:
- Tata, ¿ese árbol no es el que papá tiró a la basura porque se le cayeron todas las hojas y murió? Parece el mismo pero está pintado de verde-
Y, entonces, la abuela, agachándose para que mi madre no la oyera, le dijo:
- Cariño, los pobres no pueden comprar árboles, por eso tu papá se lo dio al papá de tu amiga. -

Y en aquel momento mi precioso árbol se convirtió en lo que realmente era: un abeto muerto, pintado de verde y forrado con papel.

Aquella noche lloré mucho.
Aquella señora estúpida había dicho que éramos pobres.
Yo no era pobre, los pobres no tienen comida y yo tenía comida.
Pero mi árbol era un árbol muerto y feo, ya no lo quería.
Al día siguiente le dije a mi mamá que tirara aquel árbol a la basura, que era un árbol de pobres.
Y mi mamá me dijo que eso no era verdad. Que los pobres eran ellos, porque aquella niña estaba enferma, la pobre no podía jugar, ni ir a la escuela, ni tener amiguitos, y la consolaban con juguetes y dinero.
Nosotros éramos ricos porque teníamos muchos amigos y gente que nos quería. Y yo era la niña más rica del mundo, porque tenía un papá que podía resucitar a un abeto muerto y convertirlo en un precioso árbol de navidad.

No recuerdo el resto. Mi amiga se fue con su abuela y por alguna razón nunca más me volvieron a llevar a su casa.
Después se fue del pueblo y ya no la vi más. Creo que su enfermedad se agravó y se la llevaron a España.

Aquel abeto pintado fue nuestro árbol de navidad durante varios años, hasta que fuimos a vivir a España y pudimos comprar un verdadero árbol de navidad de plástico.
Si les digo la verdad, lo eché de menos…

9 comentarios:

  1. Perlita... qué linda historia!! la leímos con Sandra y estamos emocionadísimos con lo tierna de la historia. Por la manera que lo has descrito y con el corazón de esas niñas que cada una, a su manera, vivían la Navidad.

    Te vi abrazando a tu padre, con la mirada cómplice de tu madre que sonreía al verte tan feliz. Te vi desilusionada y vi a tu madre explicándote e intentando enseñarte esos valores de la vida, que han hecho que hoy nosotros podamos hablar de lo especial que es Perlita, la Perlita del "árbol pintado", que hoy nos ha abierto aún más su corazón para permitirnos estar más cerca.

    También pienso ahora en tu amiga.

    Hoy, no dejo las bendiciones acostumbradas con las que me despido hasta la próxima, sino que te dejo un abrazote, sólo para ti, no lo compartas con Gabriel esta vez.

    Te queremos, lo sabías?

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  2. Perlita... que bonita história...
    Estou emocionada.

    E depois das palavras do Cardenal não há nada mais que possa dizer... só deixar um beijo...

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  3. Hola Perlita!! Cuantas cosas no comprendemos cuando somos chicos, no? El gran valor que tienen las cosas pequeñas y el amor de rescatar un viejo árbol para cumplir una ilusión. Me hiciste emocionar hasta las lágrimas.
    Hermoso Perli!!

    Un abrazote de domingo lluvioso!!

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  4. Perlita, que buena historia y tan bien contada que emociona. Tiene razón el carde es como si lo estuviera viendo, como una película. Son esas cosas que nos pasan y dejan huella imborrable por la profunda enseñanza que hay detrás.
    Cierto que fuiste una niña rica, no se puede comprar el amor de un papá que pinta un árbol para ver feliz a su hija.
    Millonaria en amor, es lo que nos da la base para armar la vida.

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  5. QUE RELATO MAS MAS BONITO¡¡¡¡¡
    PIENSO LO MISMO QUE , SOMOS RICOS, POR TENER AMOR, AFECTO AMIGOS, FAMILIA, MOMENTOS FELICES, Y NO POR LO MATERIAL, SIEMPRE DIGO QUE NO TENGO TODO LO QUE QUIERO , PERO QUIERO A TODO LO QUE TENGO¡¡¡¡
    LA FELICIDAD SE MIDE POR LO BUENOS MOMENTOS QUE PASAMOS¡¡
    UNABRAZO, ME ENCANTO LEEERTE , SEGUIRE PASANDO ¡¡

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  6. Perlita me encantó tu historia es realmente hermosa y con una buena moraleja "No es más feliz el que más tiene sino el que disfruta con lo que tiene"Disfruta de lo tuyo,mucho o poco pero es tuyo y ,sobre todo del amor de los tuyos.
    Un abrazo fuerte y Feliz Navidad
    Shere

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  7. Eminencia, Sandra... nosotros también les queremos...

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  8. Y... bueno, Monika, Silvia, Sherezade...
    Sí que fui una niña rica...
    Lo malo es que me di cuenta cuando ya era tarde...

    Feliz Navidad...

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