jueves, 11 de diciembre de 2008

Miau!

Agosto de 2005.
Después de 14 años de una incondicional amistad, un día Tarzán ya no se levantó más. Me miró con esa mirada que tienen los perros en la que te dicen todo, sin decirte nada; me movió su cola, y supe que había llegado el momento.
Se durmió con su sonrisa perruna y se fue a buscar a su compañero de juegos en el cielo de los perros. Seguro que Papá le esperaba con la pelota, y por fin pudieron correr los dos, sin artritis, ni cataratas, ni cansancio.
Cuando llegué a casa me pareció tan vacía, que ni las carantoñas de la chucha, ni el ronroneo de Perlita, me podían animar.
Durante varias semanas estuve dando guerra para tener otro perro.
Mi chico (tan sensato él) me decía que con una perra y una gata ya nos sobra, y que entre sus problemas y los míos, más animales no caben en casa. Y yo dale que dale, cada domingo… vamos a la perrera y nos traemos uno, anda, anda.
Y un día, mientras estudiaba en el jardín trasero, empecé a oirle.
- Miau, miau, decía. Miau.
Al principio pensamos que era de algún vecino, que lo dejaba solo en casa y por eso llevaba toda la semana llorando.
Y cada mañana, la misma música… miau, miau.
Hasta que un día, mientras tendía la ropa, oí voces. Una voz femenina pedía una escopeta para matar a ese gato que le estaba robando la comida…
Ruidos, ladridos, y el miau, cesó.
Al día siguiente ya no se oía nada, y fui a investigar, me asomé a las ventanas, me encaramé a las vallas, pero nada, ya no había miau, miau.
Y a la hora de la comida, Mi chico, que me llama y me dice:
- Shhhhhh no hagas ruido, mira: hay un gato en el jardín.
Y le ví.
Flaco, flaco hasta dar asco. Un saquito de huesos y piel gris con un enorme cabezón. Le estaba robando la comida a la chucha, que lo miraba con muchísimo interés.
Cuando me vio, salió como alma que lleva el diablo, se metió por un resquicio del seto y desapareció. Pero le seguí, vaya si le seguí, hasta el patio de una casa vacía donde se escondía.
- Miau, me dijo, miau.
- Así que eras tú. Anda, ven, gatito, gatito…
Una lata de atún bastó para convencerlo. El pobre estaba tan famélico que no acertaba a comérselo y se le cayó de la boca dentro de un agujero. Se lo tuve que sacar y poner en el suelo.
Comió y desapareció.
A la mañana siguiente, cuando nos levantamos…
- Miau, miau…
Pero esta vez el miau venía de nuestro patio, allí estaba el gato, en la puerta de la cocina, llorando.
- ¿Qué te pasa, no tienes casa?
- Miau.
- Bueno, y ¿ahora que hacemos?
Y otra vez mi chico, (muy práctico él), dijo:


- Pues está claro, darle de comer y ponerle una mantita para que duerma, que hace frío. A la chucha no le cae mal, mira como se huelen.


Así que se quedó.
Cuando le llevamos al pueblo, por si le gustaba más que nuestra casa, se quedó en el corral toda una semana hasta que fuimos a buscarle…


No está encerrado, podría irse, pero hace tres años que vive con nosotros.


Ya no está famélico. De hecho, le he puesto a dieta porque pesa más de 8 kilos.
Perlita no lo puede ni ver, así que ahora tenemos dos gatos, uno en media casa y el otro en la otra media, con una puerta que hace de compartimento estanco y que tiene que estar permanentemente cerrada. A veces alguien se la deja abierta, y tenemos que separarlos.
Yo creo que alguien me lo mandó para ocupar la plaza que había dejado mi Tarzán, y, bueno, ya saben… en vez de aquella mirada perruna, ahora, cuando llego a casa, me saluda un:
- Miau, miau, miau…


Por cierto, se llama Brandy.



3 comentarios:

  1. Que hermoso Perlita!! Y es cierto, cuesta mucho decir que no a un miau o a una mirada que mas que comida, a veces piden cariño a gritos. En casa siempe aparece algún perro y se queda mirando como diciendo "tantos perros, esto debe ser una pensión" pero no, imposible entrar a uno mas, aunque me parta el alma.

    Un abrazote sin pulgas!!

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  2. Como siempre, emotivo!! Qué facilidad tienes para transmitir esos sentimientos y los momentos que se viven en tu escrito. Parece que estuviera allí acompañándoles en cada una de las situaciones.

    Bienvenida para Brandy y por supuesto, un abrazo gigante para Tarzán.

    Perli, para ti y para Gabriel, bendiciones del corazón

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  3. Celosa Perlita! y no es para menos si era la única damisela en la casa!
    Seguramente Tarzán tuvo que ver en la cuestión, y yo creo que existe un cielo para todos.
    Saludos y mantener la puerta cerrada!

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