sábado, 6 de noviembre de 2010

Gatos callejeros



Era de noche y cuando mi dueña se fue a dormir, como todas las noches, me quedé dueña y señora de la casa.
Estaba algo molesta, porque me había puesto Mousse de atún para cenar, y yo prefiero el de salmón. Así lo hice saber, gruñendo despectivamente cuando lo vi en el comedero. Como no me hizo caso, decidí castigarla con mi ignorancia, y me fui al patio, a ver la luna.
¿Saben?, por las noches es cuando ocurren las cosas más interesantes.
Así que aquella noche decidí salir a dar un paseo por la calle.
Solo se oían las ruedas de los coches, y los farfullos de algún borracho. Entré en un callejón oscuro y silencioso, donde no se oía ni el vuelo de una mosca.
Vi una luz que salía de una puerta. Al acercarme pude comprobar como salían ruidos, bastante prometedores y, como soy curiosa, pues entré, a ver que encontraba.
Entré en un lugar de ensueño. Olores deliciosos llegaban hasta mi hocico.
Era un patio, muy amplio, con varias puertas, que se abrían y cerraban.
Gente corriendo de un lado para otro, llevando y trayendo grandes bandejas llenas de deliciosos manjares. Iban muy deprisa, sin pararse ni un segundo, y (milagrosamente) sin tropezar entre sí.
Cuando mis ojos se acostumbraron a la luz, descubrí algunas detalles que se me habían escapado hasta ese momento.
No era la única que observaba el espectáculo, allí había mucha concurrencia. Docenas de ojos brillantes se escondían en la oscuridad, vigilando las idas y venidas de las bandejas.
Entre las cajas del patio descubrí a toda una familia, una mamá con sus cinco hijitos. Los gatitos estaban algo creciditos, y a la mamá gata le costaba un poco mantenerlos tranquilos y escondidos. Querían jugar entre las tablas y los cajones, persiguiéndose en la oscuridad, jugando con sus largas colas. Pero mamá tenía las cosas muy claras. No habían comido en todo el día, y tenía mucha hambre. La leche se le estaba retirando ya, y dentro de poco tendría que despedirse de sus pequeños para siempre, y mandarlos a recorrer mundo.
Pero primero había que enseñarles a buscarse la vida.
Y en ello estaba.
Más al fondo se veía el reflejo de varios pares de ojillos inquietos. Observaban desde un resquicio de la pared. Me acerqué a olisquear un poquito.Uff, olía a ratón, que asco. Nunca me gustaron esos bichos, tan pequeños, siempre corriendo. Se meten por todos lados, se comen todo lo que pillan, rompen cosas, buaj. Cuando me acerqué, desaparecieron.
Mejor. No se como hay gatos que los persiguen y se los comen, con lo buena que está la comida que me da mi dueña, mmmmmm.
En el centro dormitaba un enorme perro, no sabría decir de que raza. Estaba cómodamente echado al lado de una desvencijada caseta, con sus ojillos amarillos entrecerrados, mirando con aire soñoliento el frénetico ir y venir de platos.
Parecía no estar interesado por todo lo que allí ocurría, como si nada fuera con él. Pero, al menor movimiento de alguno de los gatitos, una de sus orejas se elevó, casi imperceptiblemente, por lo que decidí no acercarme mucho, por si acaso. En casa vive un perro, y nos llevamos bien, pero ya he comprobado que no todos son iguales...
Pasado un buen rato en el que nada parecía cambiar, y cuando ya me iba a volver a casa, aburrida, noté que el trasiego de platos decrecía sensiblemente.
Ya no salían platos llenos de comida, y dejaron de pasar los camareros. Pensé que el espectáculo iba a terminar, y nos iríamos todos a casa, pero me equivoqué.
Fue entonces cuando empezó el verdadero espectáculo.
De repente el perro pareció despertar de su letargo. Empezó a hacer todas esas tonterías que hacen los perros, como dar saltitos, aullar, mover la cola o dar la pata.
Que animal más raro, si nadie lo estaba mirando, ¿¿porqué daba la pata al aire??. Pronto lo comprendí, cuando alguien salió con un cubo lleno de......¡¡comida!!
Todos aquellos ojos no estaban viendo el espectáculo de humanos corriendo, como creí en un primer momento, solamente estaban esperando por la comida.
Parecía ser una mezcla de muchas cosas, carnes, verduras, pan, cáscaras de frutas, incluso algunos papeles, pero a aquel perro le pareció dar igual, cuando le llenaron el comedero, se lanzó como un loco a devorar todo aquello.
Los gatitos, de los que ya me había olvidado, hacía ya rato que habían dejado sus juegos, y estaban muy interesados en el comedero del perro. Pero aquel enorme animal parecía no tener ganas de compartir el festín, y gruñía sordamente, cada vez que alguno se acercaba más de lo que él consideraba aceptable. En un momento acabó con toda la comida, y se volvió a echar, con un resoplido.
Parecía estar dormido, y uno de los gatitos, uno negro, con cara de valiente, se acercó sigilosamente hasta el comedero, y empezó a lamer los bordes. Fue todo tan rápido, que lo siguiente que pude ver fue una masa de pelo negro, que ,renqueante, se escondía bajo una caja, arrastrando una pata, mientras el resto de la familia se acercaba a comprobar los daños.
Entonces alguien apareció con otro cubo lleno de comida. Y, siseando suavemente, lo vació en un rincón del patio, donde no llegaba la cadena del perro. De todas formas, aquel perrazo ya estaba harto, y no creo que se hubiera molestado en acercarse, a menos que se le volvieran a reir en el hocico.
Entonces sí que salieron todos los gatitos disparados, todos menos el negro, que a duras penas podía moverse. Llegaron hasta la comida, y empezaron a devorarla, mientras la madre los miraba. Apareció un enorme gato, también negro, y se aproximó a la comida, como si fuera el dueño de aquello (¿pero no era el perro??), pero mamá gata no se lo permitió, y, aunque el macho la doblaba en tamaño, consiguió mantenerlo alejado el tiempo suficiente para que sus cachorros comieran, incluso el cojito.
Luego le tocó el turno a ella, que compartió mesa con el macho, aunque no de muy buena gana, pues estuvieron gruñéndose y lanzándose zarpazos durante todo el tiempo.
Que curioso, yo diría que , por lo menos tres de las crías eran idénticas a aquel macho, podría incluso ser su padre, pero eso no parecía tener mucha importancia a la hora de la comida.
Cuando terminaron de comer, el gato se marchó de un gran salto, y desapareció en los tejados.
Mamá gata salió por la puerta, con cuatro de sus gatitos siguiéndola en ordenada fila, y el quinto arrastrando una pata trasera, a una considerable distancia.
Para aquel momento, ya habían apagado las luces del patio, y no quedaba ninguna persona en el local. Me acerque a olisquear los restos de la comida, pero, para ser sinceros, no me pareció nada apetitoso, uff.
Entonces, volvieron a aparecer aquellos ojillos brillantes, saliendo de sus escondites. Ratones, ¡!que asco¡¡, decidí que ya era suficiente por aquella noche, y también salí por la puerta.
Cuando entré en casa, me di cuenta de que estaba muerta de hambre, y me fui directa a mi comedero. Siempre tenía pienso, y picoteé un poquito. También quedaba el mousse de atún que me habían puesto para cenar. No me lo había comido, pero ahora me pareció delicioso, y lo devoré con fruición.
Luego me subí al mueble y bebí un poco de agua. No sé si lo he comentado, pero mi dueña me puso el bebedero en alto. Cuando estaba en el suelo, dejé de usarlo, porque no me gusta compartirlo con el perro, que lo llena todo de babas. Ahora tengo siempre agua fresca.
Por un momento pensé.. no vi beber a los gatitos, ¿También tendrán el bebedero en alto?.
Me acurruqué en la cama, con mi dueña, y me quedé dormida pensando en la buena suerte que tenemos los gatos domésticos. Mientras haya humanos que cuiden de nosotros, todo irá bien. Los humanos no tienen que buscarse la comida, ni luchar por ella, simplemente abren la nevera, y ahí está.
Pero..
...¿Todos los humanos son así?
¿habrá también mamás enseñando a sus niños a sobrevivir?
¿Tendrán que luchar por la comida, como aquellos gatos callejeros?
y...sobre todo... si los humanos cuidan de nosotros,
...¿Quién cuida de los humanos?

3 comentarios:

  1. Suelo preguntarme en qué andarán los gatos callejeando entre los techos bajo la luz de la luna!....¿y cuándo duermen?


    un abrazo!

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  2. De día Neo, duermen de día...
    La noche es para las aventuras.

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  3. Perlita como todas las mujeres, es muy decidida y aunque también un poco caprichosa concerniente a la comida. Le hace falta conocer un poco la vida de sus congéneres para no despreciar las comidas que le pone su mamá humana.
    Es una gozada ver a animales tan cuidados, queridos y mimados.
    Biquiños para ambas.

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