jueves, 23 de diciembre de 2010

Los camellos



Era de noche y hacía frío.



Uy, no, que no, que no hacía frío, que hacía calor, que en esa parte del desierto nunca hace frío.


Vuelvo a empezar:


Era una cálida noche del desierto africano. En realidad no era una noche cualquiera, era La Noche. La Noche de Reyes.
Pues como iba diciendo, hacía calor y dejé la ventana abierta para refrescarme. De aquella noche no pasaba que los pillara.
Ya llevaba un par de añitos que me quedaba dormida y me perdía la llegada de los Reyes Magos. Y yo quería verlos, ver sus capas, ver a los pajes, y decirles que a ver si de una vez me dejaban lo que yo pedía y no lo que a ellos se les pasaba por la cabeza.
Así que me preparé con un poco de pan con queso que había cogido de la cocina, un vasito de leche y un libro, a aguantar toda la noche. Lo escondí todo debajo de la cama y me metí dentro, esperando a que mi madre pasara a darme las buenas noches.
Efectivamente, mamá vino, me deseó buenas noches, me dio un beso y me apagó la luz del cuarto. Me recomendó que no abriera la puerta, porque “A los Reyes Magos no les gusta que los molesten cuando trabajan, y si les interrumpes no volverán nunca más a verte”
“Les hemos dejado leche y galletas en la puerta, para los camellos"
Sí, claro, mamá, no me pienso mover…
Mis padres se fueron a acostar, pusieron la radio un ratito y después… Silencio.
Yo cogí mi libro, le di un mordisco a mi bocadillo de queso y me puse cómoda en la cama a leer.
El reloj del salón, que retumbaba por toda la casa, me estaba poniendo nerviosa, tic tac, tic tac, tic tac .
Entonces me pareció oír un ruido. Se me erizaron todos los pelitos del cuello y me enderecé en la cama para oir mejor (como si derecha se oyera mejor…)
Falsa alarma, era “Tigre” que volvía de sus correrías nocturnas y se acomodaba en su butaca.
El tic-tac me fue acompañando según pasaban las horas.
Las doce.
La una.
Las dos.
Ya me estaba empezando a quedar dormida, cuando oí otro ruido. Pero esta vez sonó en la calle. Una lucecita se movía por la acera de casa y unos cuchicheos en voz muy baja rompieron la hegemonía del tic-tac del reloj.
Rápidamente me acerqué a la puerta y puse la mano en el pomo.
Pero… ¿Y sí mi madre tenía razón? ¿Y si se enfadaban?
Con la mano pegada al pomo me quedé escuchando, pero un fuerte golpe seguido de una especie de gruñido me sobresaltó de tal manera que fui a parar directamente a la cama y metí la cabeza debajo de la almohada.
Después vinieron voces, luces que se veían a través del cristal de mi ventana, más gruñidos durante unos segundos que me parecieron horas, un portazo y… silencio.
Reconozco que a estas alturas se me había ido toda la valentía y estaba más bien asustada.
Me tapé la cabeza con la sábana, llegué como pude hasta la ventana, (no sin darme un buen porrazo con la silla), la cerré y me volví a meter en la cama, sin acabarme el bocadillo, ni la leche ni el libro.
No dormí nada. Pero nada de nada.
Y cuando mi madre vino a despertarme, salí corriendo de la cama gritando: ¡mamá, mamá, no te imaginas lo que pasó anoche!!!
Ella, sonriente, me contestó:
Pues claro, que vinieron los reyes y te han dejado un montón de regalos. No les habrás molestado, ¿no?.
En ese momento vi el sofá con toda una colección de vestiditos para mi Nancy y se me olvidó el miedo de las últimas cuatro horas metida debajo de la sábana. Me tiré en plancha a recogerlos, probarlos, guardarlos, volverlos a sacar…
La leche y las galletas, por supuesto que ya no estaban. Y mi madre me dijo un poco contrariada, que uno de los camellos debía de haber pisado el plato, porque se lo había encontrado roto .
Entonces me atreví a contarle que me había quedado despierta y lo había oído todo:
Los Reyes que llegaron a casa, el ruido de la puerta al abrirse y luego al cerrarse, los gruñidos de los camellos, las luces de las antorchas que tienen para no perderse, y hasta cuando el camello pisó el plato y lo rompió. Pero que me había dado miedo y me había escondido en la cama.


¿Saben? Incluso, si lo intento, aun puedo recordar el olor a camello que había en la casa aquella mañana luminosa de enero.




Feliz Navidad

2 comentarios:

  1. PERLITA...pero qué callado te lo tenías!!!

    No tenía ni idea de que eres una verdadera artista escribiendo....me he quedado pasmada leyendo todo tipo de cosas en este blog.

    Y con lo que a mí me gusta el asunto de escribir y leer los relatos de otras personas...lo que voy a disfrutar con tu blog!

    Me llevará tiempo ir leyendo todos los apartados..poco a poco!!

    Muchos besos,primor.

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  2. Me tuvo de verdad en suspenso este relato. También yo intentaba quedarme despierta cuando venían los reyes pero era mas floja que vos, me quedaba dormida siempre.
    Venía en realidad a agradecerte el saludo navideño y ete aquí que me encontré con este maravilloso relato con el cual me siento plenamente identificada.
    Abrazo Perlita y felices fiestas! (((:)))

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