sábado, 21 de mayo de 2011

Veinte años no es nada

Veinte años no es nada.

O por lo menos eso dice el tango.

Quizá. Es posible que veinte años no sean nada según y cómo se mire.

Pero también, veinte años pueden serlo todo.

Hace veinte años iniciaba yo una aventura profesional y personal. Con las energías de la juventud me lancé de cabeza al mundo empresarial, monté un negocio, compré un piso, proyecté una familia. Y un día como otro de tantos, apareció ella, solitaria, en mi sala de espera.

Apareció en los comienzos, cuando todo era alegría y ganas de trabajar. Es curioso cómo pasan las cosas porque en aquel momento no me di cuenta. No sabía yo que iba a ser mi compañía a lo largo de la mitad de mi vida.

Me acompañó en mi trabajo, en las largas tardes de esperar que entraran los clientes por la puerta, de leer revistas científicas “para no desaprovechar el tiempo” y en las mañanas de los sábados viendo como el parque se llenaba de familias mientras ella y yo tomábamos el sol que entraba por la ventana.

Luego empezó a acompañarme también por las noches, se vino a vivir conmigo y se instaló en mi despacho, bueno, a partir de entonces, “su” cuarto.

Ella estuvo conmigo cuando el negocio prosperó, cuando lo ampliamos, cuando la vida era trabajo y trabajo.

Y me acompañó en mi vida personal, siempre presente en los buenos momentos y en los malos, que de todo hubo.

Estuvo en mi piso, y luego en mi chalet, y después otra vez en mi piso, siempre al lado mío.

Ella tenía su vida, como no, y bastante movidita a veces. Dicen que tienen siete vidas, pero yo le he calculado nueve o diez… Pero al final del día siempre estaba allí para ver la tele conmigo y acompañar mi sueño.

Cuando mi proyecto de familia se resquebrajó allí estuvo a mi lado, ya más mayorcita pero siempre dispuesta a acompañarme en mis días y mis noches.

Y cuando la vida se decidió a darme una buena patada, ella atravesó el mar conmigo y nos fuimos a empezar de nuevo. Y allá nos fuimos las dos, ella con cicatrices en su cuerpo y yo con cicatrices en el alma.

Allí estuvo cuando perdí a papá, y allí estuvo cuando perdí a mamá. Los dos tuvieron un pensamiento para ella en los últimos momentos. Bueno, mamá no sé si lo tuvo, porque ya no era mamá, pero cuando se la llevé escondida en una bolsa para que la viera por última vez, se la puso en las rodillas y sonrío.

Ella ha estado conmigo en el infierno, me acompañó en la bajada, y luego en la subida.

Y cuando decidí rehacer mi vida… volvió a atravesar el mar conmigo. Aunque creo que no le hacía demasiada gracia… tampoco se quejó.

En realidad nunca se quejó de nada, sólo pedía estar a mi lado y con eso era feliz.

La familia ha ido aumentando y disminuyendo con los años. Unos han entrado y otros han salido. Y ella siempre presente, los ha visto entrar y salir de nuestras vidas con un poquito de autosuficiencia, todo hay que decirlo. Siempre ha sabido que era la reina de la casa.

Cuando llegó Nuria a mi vida tuve que escuchar de todo. Que si era peligroso, que si podían aparecer celos, que si arañazos, que si enfermedades, que si parásitos, que se le metería en la cuna, que la asfixiaría…

Pues no, nada de eso. Al contrario, ha sido una paciente compañera de juegos durante estos últimos meses, han dormido la siesta juntas y si no han comido juntas ha sido de milagro… O quizá sí que han comido juntas, eso queda entre ellas dos.

Y sólo cuando perdió la vista definitivamente y se autoconfinó a su esquinita del sofá, tuvimos que explicarle a Nuria que ya no podía jugar con ella, que estaba mayor.

Hoy, cuando ha llegado de dar su paseo y ha ido corriendo a saludarla, se ha quedado mirando la esquina vacía del sillón y me ha dicho ¿BAOOO?

Se lo he explicado, que ya estaba mayor y no se encontraba bien, y que ahora ya descansa en el cielo de los gatos. Aún es pequeña para entenderlo. O quizá no… porque ya no la ha vuelto a buscar…

Por estos veinte años de compañía silenciosa. Por estar ahí en los buenos tiempos y en los malos. Por ser el testigo de la construcción de mi vida. Gracias Perlita.

Gracias, y adiós.

13 comentarios:

  1. Siento mucho la perdida,ahora estará descansando y seguro que desde donde este siempre estará a tu lado,un besote muy grande

    ResponderEliminar
  2. Se me ha encogido el corazón.
    Nunca he tenido animales, pero puedo entender perfectamente cómo te sientes.
    Un abrazo grandote.
    Lo siento mucho.

    ResponderEliminar
  3. Vaya que boba soy. En el café te he pedido que escribieras algo para ella y "evidentementeeeee" ya lo habias hecho. El texto emocionante, Sabes que somos much@s los que te entendemos. Un abrazo para toda la familia. Carme

    ResponderEliminar
  4. Como siempre me emociono leyendote y en este caso mucho más, eso es ternura y cariño, la tuya y la de perlita. Un abrazo y que la mirada de perlita siga por favor.

    ResponderEliminar
  5. La pérdida de nuestro animal de compañía duele en el alma y en el alma se quedan por siempre jamás, me miran como a las locas cuando comento muchas veces que sentí más la pérdida de mi perrita wendy que la de mucha gente, no me gusta comparar perros y gatos con personas, pero sin duda algunos dejan mucho más hueco en el corazón y en la casa que mucha gente.
    Desde ese cielo de los gatos donde has explicado a Nuria que está te seguirá haciendo compañía y tal vez envíe un sustituto, que nunca será Perlita, pero se ganará un hueco en vuestra casa y rellenará el vacío del hueco del sofá.
    Un recuerdo cariñoso para la protagonista de tus cuentos y un beso apretado para ti.

    ResponderEliminar
  6. mi querida gatita, te encontre por este medio hace 10 años en mi vida se habia producido una perdida muy grande,pero poco a poco con la ayuda de todos vosotros fui encontrando mi camino,como
    sabes tenia un compañero que virtual fue tu pareja geminis me dejo con 17 años hace ya 2 años y aunque todabia ay personas que no entienden que se os pueda querer tanto la verdad es que siempre se os recordara con el mismo cariño que vosotros nos disteis en los buenos y malos momentos de nuestras vidas, un beso muy grande estes donde estes da un poquito de calor gatuno a mi geminis melita

    ResponderEliminar
  7. Solo puedo decir que lo siento muchísimo, que si rocio a veces te duele mas la muerte de un animal que el de un familiar. Es así pero no es correcto decirlo aunque mucha gente lo piense así.

    Besos!

    ResponderEliminar
  8. Te comprendo, hace un mes pasé por lo mismo. Espero que Perlita y Munus se encuentren en el paraíaso gatuno, felices.
    Un abrazo, me gusta la dulzura y la belleza de tu blog.

    ResponderEliminar
  9. Perli, por Dios...estoy yo buena!
    Me estoy enjugando las lágrimas y no exagero.
    No sé si es tu historia con la gata , tan bien pintada, me ha llegado, o que estoy en un momento un poquillo así, o que sé perfectamente lo que esperder a un compañerillo de vida querido, o todo a la vez.

    Pero desde luego la acabas de hacer inmortal con esta entrada de hoy, y con todas en las que ella ha sido, junto a tí, la protagonista.

    Un beso!

    ResponderEliminar
  10. A mí también se me ha escapado una lagrimilla... mi infancia la compartí con una perra de caza color chocolate preciosa y para mí fué muy duro perderla también, por eso cuando mis niñas me piden un perrito me resisto, sé que al final cederé...

    Un beso fuerte para tí, después de tantos años te ha debido afectar, pero pasa igual que con las personas, cuando están tan mayores sabes que es lo mejor aunque te duela el alma....

    ResponderEliminar
  11. Hola a todos.
    Esta es una de esas situaciones que, no por sabidas, dejan de afectarte.
    Yo tuve la gran suerte de poder disfrutar de mi gata durante muchos, muchos años. Y el final ya se anunciaba desde hace tiempo y estábamos preparados. Nos pudimos despedir de ella y darle todos los mimos que se merecía.
    La verdad es que me sentó mucho peor la desaparición de Brandy... contábamos con que nos ayudara a acostumbrarnos a la falta de Perlita, y ahora nos hemos quedado sin gatos.
    En cuanto a lo de no tener mascota para no pasarlo mal... pues la verdad es que para mí el placer de su compañía compensa con creces el mal rato que pasas cuando se van.
    Ayer la enterramos bajo un algarrobo. A partir de ahora será "EL árbol de Perlita".
    Besotes y gracias por pasar por aquí.

    ResponderEliminar
  12. Siempre queda un vacío, pero...veinte años! son muchos años!!
    Ese algarrobo, seguro será tan especial como Perlita.

    Besos!

    ResponderEliminar
  13. Después de leer el primer texto sobre Perlita y dejar un comentario he vuelto a leer este. Esta vez si que me han saltado las lágrimas. Menos mal que yo estoy en casa con Suro, un señor gato que solo se deja cuidar y manejar por mi y por Coira, la perra locatis como la llamo yo, que es tan dulce y agradecida que me duele irme a trabajar por no dejarla sola.
    No suelo hablar mucho de ellos a los extraños. !Me da apuro reconocer que les quiero tanto delante de gente que no sabe lo que es tener amigos de cuatro patas! Espero tener la suerte que has tenido tu con Perlita y que me acompañen un montón de años y nos ayudemos a ser felices, yo a ellos dos y ellos a mi. Gracias, por tus textos. Son un regalo

    ResponderEliminar

Cuéntame algo...