jueves, 21 de marzo de 2013

Una reflexión

En este mundo que vivimos, y como mundo me refiero a mi país, mi sociedad y mi entorno, ocurren cosas que escapan de toda lógica y humanidad.
Si una persona tiene una enfermedad crónica, incurable y posiblemente progresiva, que le impide realizar una actividad laboral y remunerada para ganarse la vida, en teoría nuestro ordenamiento jurídico establece la figura de la Incapacidad permanente, para posibilitarle mantener unas condiciones dignas de vida.
Con ese motivo (entre muchos otros) cuando trabajamos "se nos obliga" a cotizar unas cuotas a la Seguridad Social, cuotas que abonamos regularmente durante toda nuestra vida activa.
Este sistema forma parte del Estado del Bienestar, por el que tanto lucharon nuestros padres y hemos luchado nosotros.
Entonces, me cuesta entender el sistema.
Según el tipo de enfermedad que padezcas, puedes ser "no apto para el trabajo". Pero aunque no lo seas, el organismo competente no te concede una incapacidad, porque aunque ejercer una actividad continuada te provoque un empeoramiento significativo en tu estado físico, hasta que ese empeoramiento no sea tal que ya no tenga vuelta atrás, no eres "digno" de recibir "el regalo" de una pensión, que en la mayoría de los casos no llega al sueldo mínimo.
Pero cuando ya se supone que es imprescindible concederte "ese regalito", ya no eres una persona capaz, ya no de trabajar, sino de casi nada más...

Y sin embargo hay miles de personas, completamente aptas para trabajar, a las que  que por motivos económicos, sus empresas han llegado a acuerdos con ese mismo organismo para mantenerlos fuera del mercado laboral, sin ejercer ninguna actividad y con una "pensión" sensiblemente mayor.

No lo entiendo.

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