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Gasolina en el culete.

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Dejar las cosas al alcance de un terremoto de diecinueve meses te puede dar algunos quebraderos de cabeza. El caso es que tengo un pequeño problema de ratones en el jardín. No me atrevo a poner veneno, con los dos perros y la niña por allí trasteando, y después de probar un par de cosas que no han funcionado muy bien, hoy me decidí a poner pegamento de ese que se quedan atrapados. El pegamento de marras es muy, muy asqueroso, y muy, muy difícil de quitar. Me manché las manos al colocarlo y me fui a la cocina a lavármelas con jabón y agua caliente. Las instrucciones aconsejan usar gasolina, pero como no tengo gasolina... Pues mientras me las lavaba, vi por la ventana como mi querida hija se había subido a una silla, había cogido el tubo de pegamento, le había quitado el tapón y se lo estaba poniendo en la cabeza a Truc. Truc es nuestro ratero, que menos mal que le tocó a el y no a Beltza... Ya se imaginan... sal corriendo, dale un grito a la nena, recupera el tubo de...

De burros y otras zarandajas

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Pues estaba yo trabajando en mi "despacho", tan ricamente cuando así, sin esperarlo, se me cruzó un burro. Que claro, igual no lo saben, pero es que mi despacho a veces tiene ruedas y se mueve por esos mundos de Dios. No se yo si a la furgoneta le debe de gustar que la llamen "despacho", pero teniendo en cuenta las horas que paso allí, la de papeles que ruedan sobre el asiento trasero, y el completo guardarropa que hay en el maletero, con despacho se queda. Que ya me lié, yo iba a hablarles de burros. Esto es lo más normal del mundo. Una se hace sus planes, se organiza, empieza a trabajar y se alegra enormemente de que las cosas vayan como toca y todo salga a su ritmo. Y se te cruza un burro que te bloquea el paso. ¿Qué haces? Pues primero tocar el claxon, claro. Aunque me parece que a estos orejudos eso del claxon no les impresiona absolutamente nada. En este caso es que ni se inmutó. Luego, pues paras la furgoneta, abres la ventanilla y le das dos grito...

La mirada de un gato.

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Curiosamente, este escrito nunca lo he puesto en el blog. Y digo curiosamente, porque resulta que estas son las primeras letras que salieron de mi teclado. Les cuento que estaba yo pasando por una época bastante dura y el psicólogo me recomendó, entre otras cosas, escribir un diario. Claro, yo nunca había escrito nada que no fuera por estudios o trabajo y cuando me dispuse a escribir un diario, no sabía ni por donde empezar. Y cuando empecé, para qué negarlo, el resultado no me gustó absolutamente nada. Los diarios no están hechos para mí. Ahora no recuerdo exactamente porqué empecé este relato, supongo que alguien me preguntó sobre ella, o vi alguna noticia en la tele... vayan a saber. También es verdad que no recuerdo gran cosa de aquellos días, se han borrado de mi memoria. Pero lo empecé y luego lo seguí, y al final lo acabé. Y cuando lo lei, me gustó. Y me gustó tanto que después escribí otro, y a ese le siguieron más. Luego me propuse aprender a expresarme mejor, busqué l...

Veinte años no es nada

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Veinte años no es nada. O por lo menos eso dice el tango. Quizá. Es posible que veinte años no sean nada según y cómo se mire. Pero también, veinte años pueden serlo todo. Hace veinte años iniciaba yo una aventura profesional y personal. Con las energías de la juventud me lancé de cabeza al mundo empresarial, monté un negocio, compré un piso, proyecté una familia. Y un día como otro de tantos, apareció ella, solitaria, en mi sala de espera. Apareció en los comienzos, cuando todo era alegría y ganas de trabajar. Es curioso cómo pasan las cosas porque en aquel momento no me di cuenta. No sabía yo que iba a ser mi compañía a lo largo de la mitad de mi vida. Me acompañó en mi trabajo, en las largas tardes de esperar que entraran los clientes por la puerta, de leer revistas científicas “para no desaprovechar el tiempo” y en las mañanas de los sábados viendo como el parque se llenaba de familias mientras ella y yo tomábamos el sol que entraba por la ventana. Lu...

Rosas

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Pues sí... Ya sé yo que este blog en teoría es un blog literario, donde yo escribo, más o menos bien o más o menos mal y cuento cosas. Pero como resulta que estoy pasando otra temporadita de "no puedo con mi alma", y la inspiración debe estar a la altura de mi tensión sanguínea... pues que les voy a poner fotos. Son fotos de mis rosas. Yo nunca había tenido rosas. En realidad las pocas veces que lo había intentado me las había cargado. Creo que para cada cosa hay un momento, y mi momento de tener plantas estaba por llegar. Porque ahora, milagrosamente... se me dan bien, incluso las tengo hasta bonitas. Tendrá algo que ver con el karma, no sé. Bueno, el caso es que tengo tres rosales y se los quiero presentar. Ahora no recuerdo si ya se los había presentado, pero como no tengo ganas de buscarlo, pues lo hago como si fuera la primera vez y listo. Esta señorita se llama Fabiola. Es hija consentida de otra Fabiola, que pertenece a una prima de mi marido. ...

Ojalá pudiera...

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Ay, hoy me levanté nostálgica... Ojalá pudiera… Ojalá pudiera prestarte un segundo. Un pequeño segundo bastaría para que pudieras ver lo que otras, otros han visto, hemos visto antes. Si pudiera enviarlo por correo, por mensajero, aun cuando tuviera que llevarlo en persona, ese modesto segundo sería suficiente. Si tuviera una bola de cristal, te podría hacer ver que ese segundo sin duda existirá algún día. En realidad es tan breve el momento en el que todo el universo se acomoda por fin. Porque todas las horas, todos los meses, todas las semanas se resumen en ese ínfimo instante en que te das cuenta de que has dejado de amarle, y la vida vuelve a comenzar. 

AGUA

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Pues sí, ¿a que es simple? Ya saben H2O... agua. Algo tan simple me ha dado hoy una de las mayores satisfacciones de mi vida. Ha venido mi nena a donde yo estaba y me ha soltado una parrafada incomprensible, patachapapapatacapapapapapa . Y con una luminosa sonrisa en su carita ha esperado mi respuesta... Yo no la he entendido y lo ha vuelto a intentar, patacha patatatachachapapapa  esperando que la entendiera con esa expresion ansiosa tan suya. Pero tampoco la entendí y se ha enfadado. Se ha enfadado, luego ha empezado a gimotear y después a  llorar... Al final, y en medio de un tremendo puchero, me ha dicho: ¡AGUA! Cuando ha visto que la he entendido y le he traído su vasito de agua... se ha puesto a dar saltitos y se lo ha bebido tan contenta. Y después me ha dado un abrazo. Lo que ella no sabe es que ¡AGUA! ha sido su primera frase... (bueno, supongo que quería decir: "Mamá, quiero agua") y a mamá casi se le cae el corazón al suelo... Es...