domingo, 22 de noviembre de 2009

NURIA


Naciste el pasado sábado 14 de noviembre, a las 5:00 de la madrugada. ¡Vaya horas!

El médico de mamá quería sacarte él con cesárea, porque decía que eras muy pequeña todavía, que no era el momento, que habías tenido muchos problemas desde el principio de tu corta vida y que podía ser peligroso para tu mamá y para tí.

Pero tú ya dabas muestras de carácter estando dentro de la barriguita de mamá, y no ibas a dejar que nadie te dijera cuando y por donde salir, ¿verdad?. Pobre médico, le hiciste correr mucho.

Mamá y papá estamos muy contentos de que ya estés con nosotros, sobre todo mamá, que ya no recibe más pataditas y codacitos.

Ahora mamá te alimenta y papá te cambia y te limpia el culete. Por el momento te portas de maravilla y todo el mundo dice que eres muy guapa.


Pequeña Nuria, ahora ya puedes empezar a crecer.




domingo, 30 de agosto de 2009

EL MONSTRUO

Hace algunos días comentaba con un amigo que a veces nos creemos que ciertas cosas sólo nos pasan a nosotros, que ciertos errores sólo los cometemos nosotros, que ciertas desgracias se ceban en nosotros.
Entonces los sentimientos de culpa, de impotencia y de frustración se instalan en tu ser y bloquean tus reacciones, te hunden en la tristeza y dejas de ser tú.
Hace falta alguien que te abra los ojos, que te haga ver que no eres especial, que te pasa lo mismo que a todo el mundo, cometes los mismos errores que todo el mundo y te ocurren las mismas desgracias que todo el mundo.
Quizá tus enfermedades, tus errores o tus desgracias no sean físicamente iguales a las de tu vecino. Quizá te parezcan mayores, o quizá menores.
Pero al fin y al cabo todos tenemos de unas y de otros.
Cuando consigues darte cuenta de algo tan simple, y a la vez tan difícil, has dado el primer paso para aprovechar el resto de tu vida.



Tenía por aquí guardado este escrito, de un momento en el que pensé que mi error era irreparable y no volvería a ser yo.
Evidentemente me equivoqué. Gracias a Dios me equivoqué. Y espero recordarlo, para la próxima vez que me equivoque.

Aunque hoy no lo traigo por mí, lo traigo por tí... espero que lo leas y me entiendas.
Los malos momentos no nos convierten en algo que no somos, sólo nos ayudan a conocernos un poco más.

Besos.




EL MONSTRUO



El monstruo es peligroso, se alimenta del odio, de la ira, de la rabia que encuentra a su alrededor.
Va creciendo despacio, sin hacer ruido. Se esconde en lo más profundo de tu alma y no se deja detectar, salvo por esos pequeños saltos que a veces da tu corazón, por esos breves pinchazos en el estómago cuando algo te incomoda.
El monstruo es sanguinario, ataca sin mirar a donde ni porqué y siempre hiere donde más duele. Después se vuelve a ocultar y deja pequeños retazos de ira, salpicados aquí y allá, en simples conversaciones, en inocentes observaciones.
Creció en tu interior durante años, y al principio lo alimentaste y lo mimaste, pensando que lo necesitabas para sobrevivir en el infierno. Tu error fue pensar que se podía vivir en el infierno. Sólo los monstruos viven en el infierno.
El monstruo no es invencible, pero es tan poderoso que vencerlo requiere de toda la fortaleza interior de que dispongas.
El monstruo fue derrotado hace años, después de una dura y larga batalla. A punto estuvo de ganar varias veces, de hundirte definitivamente en la locura de la que no se torna. Y entonces un ángel te ayudó, un indefenso ángel que necesitaba de tu alma entera, sin manchas de ira ni maldad. La batalla fue tan sangrienta que a cada golpe que le dabas al monstruo, tú lo recibías doblado. Pero ganaste.
Ganaste y lo encerraste en una urna de cristal, en el rincón más oscuro e impenetrable de tu ser, donde no le pudiera volver a hacer daño a nadie, donde no pudiera volver a manchar tu alma, donde no pudiera hacer daño a tu ángel. Y creíste que aquella batalla era la última de la guerra, y te dejaste volar.
Pero tu ángel un día de diciembre se fue, te dejó sus alas y voló a donde no hay maldad. Y te dejó sola con el monstruo.
La ira, el odio, el rencor, atraviesan el cristal y lo debilitan.
Tú no te das cuenta, crees que lo tienes controlado, que ya no volverá, que es pasado. Pero poco a poco empieza a arañar la superficie y a alimentarse.
Primero es un latido fuera de lugar, después un pinchacito son importancia. Más tarde descubres una pequeña grieta en tu urna por la que surgen comentarios hirientes, maliciosos. Y te sorprendes a ti misma siendo débil y egoísta.
Y ya es tarde.
Sabes que se romperá la urna y que el monstruo volverá a salir, pero no puedes reaccionar. Ya no te quedan fuerzas, las has agotado todas en tus anteriores batallas. Cuanto más ancha es la grieta, más odio la atraviesa.
Pides ayuda, y nadie te entiende. No existen los monstruos…
Hasta que un día, un fatídico día, basta un pequeño golpecito para que se rompa la urna en mil pedazos y el monstruo salga más fuerte y encolerizado que nunca. Después de años agazapado, tiene sed, y hambre, y arrasa con todo lo que encuentra a su alrededor.
Y tú ya no tienes fuerzas para luchar contra él. Además, tanto da, sólo los monstruos viven en el infierno.

25/12/2007

viernes, 24 de julio de 2009

Amanecer


Les traigo algo escrito el 2002... hay que ver como cambian las cosas...
Y hay que ver como algo escrito en unas circunstancias... se puede aplicar a otras completamente distintas.
AMANECER

No sé cuando empezó todo. Recuerdo la oscuridad y el frío del comienzo. Supongo que para mí era completamente normal aquella oscuridad. Supongo que no conocía otra cosa, o quizá no lo recordaba, o quizá era lo que me merecía.
La oscuridad no estaba tan mal. Era algo acogedor y previsible, cálido y familiar. ¿ O era frío?. No sé, puede que fuera cálido y frío a la vez.
Mi monótona existencia fluía en un transcurrir de los días, cada uno igual al precedente, y copia exacta del posterior. Un día (o quizás una noche, no lo sabría distinguir), un tímido temblor sacudió mi mundo. Me resultó tan extraño, tan desazonador, que temí prestarle atención, y seguí con mi vida. Me negué a aceptar aquella distorsión en mi cómoda existencia, y la arrinconé en lo más profundo de mi ser, y seguí adelante. No sabía que aquello iba a trastornarlo todo, que me iba a convertir en algo que no era. O que temía ser. O que no había sido. O que no sería.
Pero el cambio fue inexorablemente invadiendo mi espacio. Al principio no lo noté, ocupada como estaba en no notarlo. Luego se hizo tan evidente, que tuve que prestarle algo de atención. Después de todo, aquello no estaba tan mal. Cada día, mi mundo evolucionaba con lentitud, casi sin hacerse notar. Un resplandor lo iba envolviendo de forma imperceptible, una extraña luz que inundaba los resquicios de mi monótona vida, iluminando los rincones y resaltando los relieves que no conocía, o había olvidado, o no quería recordar.

De pronto, o quizá poco a poco, me descubrí a mi misma disfrutando de esa luz, esperándola con impaciencia antes de cada amanecer.
Aprendí a aprovechar los continuos movimientos que ahora sufría mi línea vital e incluso a desearlos. No sé cuando empecé a olvidar la oscuridad y la monotonía, ni cuando aprendí a apreciar la belleza de las variaciones en la experiencia vital. Ahora los cambios me envuelven, me aprisionan y a la vez me liberan. Me angustia no saber afrontarlos, y al mismo tiempo me estimula esperar su llegada.
Y no sabría vivir si esa luz que lo envuelve todo, sin las sacudidas que distorsionan mi otrora monótono y gris paisaje. ¿Cómo pues antes disfrutaba de la oscuridad y la monotonía, pensando que era lo mejor que me podía pasar?
No lo sé, a veces ni siquiera lo recuerdo. O no quiero recordarlo. O no puedo.
¿O no debo?

martes, 14 de julio de 2009

DAÑOS COLATERALES

He pensado en ir trayendo por aquí algunas cositas que estaban en Spaces, o en algunos foros.


Así aprovecharé mientras las musas se empeñan en no visitarme...


Este escrito en concreto tiene ya varios años, lo escribí durante la segunda guerra del Golfo, aunque no tiene nada que ver con aquello.


Ocurrió hace más de 30 años y es, en un gran porcentaje, autobiográfico...








Daños colaterales





A la Niña le gustaba su pueblo.
Aquellas casas blancas, de suaves muros redondeados, el rumor del mar omnipresente, las calles de arena, sin asfaltar, y el olor de la fábrica de harina de pescado, tan penetrante, que impregnaba la vida.
Recordaba haber vivido en otros pueblos, en otras casas, pero era aún demasiado pequeña para preocuparse por tanto cambio de domicilio.
Era un pueblo pequeño, casi se resumía en dos calles, y algunas tiendas de tela, en las afueras. El resto, desierto.
Decididamente, era agradable vivir allí. Podía jugar con sus muñecas en mitad de la calle, y ningún coche ruidoso y maloliente osaba expulsarla de su universo.
Es verdad que no tenía muchos amiguitos con los que jugar, sus compañeros de la escuela eran la mayoría mayores que ella, y no querían saber nada con Niñas tontas y repelentes. Y también estaban los otros compañeros. En los recreos jugaban juntos, pero al salir de clase se iban a sus tiendas, en las afueras del pueblo. Jugaban juntos en la plaza del pueblo, en el patio de la escuela, pero Mamá no la dejaba ir a las tiendas a jugar, decía que estaba muy lejos. Mamá era la maestra de todos los niños del pueblo, y si ella lo decía, no se podía discutir.
El día del año que más le gustaba, era el de su cumpleaños. Ese día, todos los niños se reunían en la escuela, y le traían regalos. Venían limpitos y arregladitos, y con zapatos y pantalones. Las Niñas se lavaban el pelo, se lo peinaban, y se volvían a hacer esas trencitas que Mamá no le sabía hacer.

La Niña se sentía como una princesa de cuento, y agradecía todos los regalos con una sonrisa, aunque se repitieran las mismas cajas de caramelos, los mismos lápices de colores, y las mismas muñecas todos los años.
Por Navidades iba a casa de su abuelita, después de un viaje tremendamente largo, de muchas horas de avión.
Su abuelita era muy buena, y le hacía regalos maravillosos, muñecas encantadas que lloraban y cajas llenas de cartas que desaparecían y varitas mágicas que se convertían en pañuelos de seda.
Pero no quería ir a la ciudad. En la ciudad estaban sus primos, y le decían cosas feas, la llamaban pequeña salvaje, y se reían de ella porque no llevaba zapatos.
Además, le daban miedo los ascensores, y los coches. La gente en la ciudad iba siempre muy deprisa, y no conocía a nadie por las calles. Y sobre todo, no se oía el mar.
Cuando en enero volvían a casa, se sentaba muy quieta en la puerta, y se dejaba bañar por la inmensa claridad del cielo, el calor de la arena, y el rumor de las olas.
Las vacaciones de verano eran la mejor época del año, porque las pasaba con la otra abuelita, las dos solas, en el campo. Esta abuelita le contaba historias maravillosas de princesas y dragones, y junto a ella el huerto era un jardín maravilloso donde las margaritas se convertían en el hogar de diminutas hadas y traviesos duendecillos.
Allí aprendía a cuidar las plantas, y las gallinas, y se asombraba de ver los enormes árboles que guardaban la casa. En su pueblo no había árboles, solamente un par de arbustos raquíticos, en la plaza de la iglesia.
La Niña era feliz, con sus libros, sus juguetes y sus animalitos, no concebía otra forma de vida que no fuera esa, no le gustaba la vida de la ciudad.
Pero un verano, cuando ya tenía ocho años, al volver a su casa, después de haber pasado el verano en la granja de la abuela, notó que algo extraño pasaba.
La escuela estaba prácticamente vacía. No estaban sus compañeros, ninguno volvió de las vacaciones. Y los otros, los de las afueras, también habían desaparecido, en la clase quedaban tan pocos, que cabían en las dos primeras filas.
Mamá y Papá estaban intranquilos, nerviosos. Papá dejó de ir a la fábrica de harina de pescado, y pasaba las horas muertas escuchando la radio.
Noche tras noche les oía discutir en voz baja, y por las mañanas se reunían con los pocos vecinos que habían vuelto después del verano, y en pequeños grupos gesticulaban y sacudían la cabeza.
Finalmente, un día Mamá le dijo que no tenía que volver a la escuela, que se quedara en casa todo el día, y que no saliera sin su permiso. Aquello la desconcertó totalmente: nunca le habían prohibido moverse a su antojo por su pequeño pueblo. ¿Qué iba a ser de sus animalitos, de sus gatos, de sus palomas, del zorrito que venía por las noches a pedir comida?
Aparecieron soldados por todas partes, recorrían las calles en coches, día y noche. Al ponerse el sol, un potente foco iluminaba el pueblo, entraba por la ventana, y no la dejaba dormir.
Poco a poco el pequeño mundo de la Niña se fue desmorronando, y empezó a sentir algo que nunca había sentido: el miedo hizo aparición en su vida.

Aquella noche empezó como las demás, el foco recorría el pueblo, y un altavoz iba diciendo algo, aunque ya casi no quedaba allí nadie para oírlo, pues la mayoría habían abandonado ya sus casas y negocios.
Mamá la mandó a su habitación, y cerró la puerta con llave. Durante toda la noche estuvo oyendo ruido, gente que entraba y salía de la casa, voces, gritos ahogados. Escondió la cabeza debajo de las mantas, y esperó.
A la mañana siguiente, vino Papá a despertarla. Vístete, le dijo, nos vamos.
Pero, ¿a dónde vamos?
No hagas preguntas y date prisa, a las nueve tenemos que estar en la playa.
Al salir de su cuarto, vio horrorizada que la casa estaba totalmente desmantelada. Lo que había sido el salón, era ahora un montón de cajas, envueltas con cinta aislante roja.
¿Nos vamos de viaje?, ¿A donde vamos? repetía persiguiendo a Papá, que iba y venía frenéticamente por la casa.
Recoge tus cosas, sólo lo que quepa en esta caja, el resto se queda.
¿Pero podré venir a buscarlas más tarde?
Te he dicho que no, solo lo que quepa en esta caja, y date prisa, que a las nueve nos vamos.
¿Cómo recoger su corta vida en una caja?, ¿y sus muñecas, sus libros, su ropa?
¿Y sus animales?? Salió corriendo hacia el patio, y allí estaban, sus dos gatos esperando el desayuno. Sin pensárselo dos veces, los cogió, y los metió en la caja, entre sus libros y sus muñecas.
Entonces apareció Mamá, con los ojos enrojecidos.
Por fin Mamá, dime que pasa, ¿a donde nos vamos?
Volvemos a casa, cariño, esto ya no es seguro.
Pero, ¿cómo que a casa? ESTA es mi casa.
No, cielo, esta ya no es nuestra casa, ni este es nuestro pueblo, ha dejado de ser nuestro país, nos vamos.
La Niña no entendía nada, pero una única idea le martilleaba en su cabeza.
Mamá, dijo tímidamente, ¿donde meto a mis gatos?
Lo siento, pero los gatos se quedan. Ahora vendrá un soldado, y se los llevará, con los demás gatos y perros del pueblo. Allí donde vamos no se admiten animales.
Entonces lo recordó: ya había venido una vez un soldado a por los gatos y perros, fue durante la epidemia de rabia. Se los llevó al desierto, y no los volvieron a ver. Lo último que supo de su perro fueron dos pequeñas explosiones, a lo lejos. No estaba dispuesta a que volviera a ocurrir, así que cogió a sus pequeñines, y salió por la puerta trasera de la casa. Con ellos fue hasta las afueras, hasta la zona de las tiendas, donde nunca le habían dejado ir sola.
Allí también había mucho movimiento, camellos y camionetas estaban cargados hasta arriba, y la mayoría de las tiendas, estaban ya desmanteladas. Encontró a uno de los niños que iba a su clase, y le preguntó si se quería quedar con sus gatos. El niño le contestó que ellos también se iban, pero de todas formas, los metió en un saco y lo tiró dentro de una desvencijada camioneta. Siempre va bien tener a raya a las ratas de desierto, dijo.
La Niña regresó a casa, atravesando el pueblo, sin mirar a su alrededor. Cuando llegó, todo estaba dentro del coche, y Papá y Mamá la esperaban impacientes. Mientras se dirigían a la playa, volvió la vista atrás, y vio como los habitantes de las afueras entraban en su casa, y en las de sus vecinos, y se llevaban todo lo que no había sido empaquetado y cargado. Vio Niñas con sus ropas, alguien sacaba su cama por la ventana, y entre dos mujeres, cargaban con sus sábanas, y sus mantas.
La Niña lloraba, pensando en sus gatos, en sus palomas, en su zorrito. ¿Quien le daría de comer esa noche a su zorrito?
Cuando llegaron a la playa, el barco más enorme que había visto en su vida, les esperaba en la orilla, una amenazadora barcaza gris con una plataforma que llegaba hasta la arena. En su interior albergaba coches, tanques, paquetes, cañones, ametralladoras, en un caos desconcertante. Los pocos habitantes del pueblo que todavía no se habían ido, cargaban sus cosas sobre la plataforma.
Papá entró dentro, con coche y todo, y después entraron ella y Mamá.
El último de los soldados subió a bordo, llevaba en un pequeño paquete la bandera roja y amarilla que siempre había estado en el ayuntamiento. Entonces una atronadora sirena les hirió a todos en los oídos, y se alejaron de la playa.
Era un día frío de otoño, y el mar estaba muy encrespado. Mientras se alejaban de la costa empezaron a verlos. Pequeños grupos de aviones sobrevolaban el pueblo y las explosiones se estuvieron oyendo hasta la puesta de sol Les dieron ordenes de no levantarse ni moverse, pero aquella enorme barcaza daba tremendos bandazos, todo estaba lleno de cajas, bolsas y paquetes que rodaban hacia todas direcciones, gente asustada, y muchos soldados.
Al llegar a alta mar, ya de noche, les explicaron que cambiarían de transporte, pues aquel que les había recogido sólo servía para carga.
Pero se había desatado una tormenta, los dos barcos subían y bajaban,.chocaban entre sí formando un estruendo muy desagradable, y la gente gritaba de terror.
Papá fue el primero en saltar los dos metros que separaban las cubiertas, después de un soldado, y empezaron a pasar a los demás.
Durante dos horas interminables fueron pasando uno a uno. Llovía, hacía frío, y estaban completamente a oscuras. Mamá estaba paralizada, y la tuvieron que tirar, literalmente, de un barco a otro.
A la Niña la alzó alguien en brazos, y la lanzó por una ventana, donde la recogieron los brazos de Papá.
El día había sido demasiado duro, y estaba cansada, dolorida y asustada, así que, cuando la llevaron a un camarote y la metieron en la cama, se quedó dormida inmediatamente.
A la mañana siguiente, la tempestad ya había pasado. La Niña salió a la cubierta, para averiguar donde se encontraba.
Cuando salió, el espectáculo, la dejó sin habla. Lucía un sol espléndido y estaba en un ferry de pasajeros completamente rodeado por barcos de guerra. A lo lejos, se veía la costa de su pueblo.
La Niña pensó... ¿Dónde estarán mis gatos?



viernes, 10 de julio de 2009

Quizá mañana...




Hola a todos.Me cuesta un poco escribir, estoy muy poco "creativa"Les agradezco a todos que se pasen por aquí.
La realidad es que el peligro no pasó ni pasará...


Además del bebé, tengo un incómodo "inquilino" que ocupa un espacio que no le corresponde, que crece cada día, y al que no pueden extirpar mientras el bebe esté dentro, porque comparten el "nido".No es maligno (sólo me faltaba eso), pero provoca hemorragias y empuja al feto, y me duele...


Una vez pasado el peligro inminente, las soluciones eran, o la que al final no tuve que tomar, o quedarme en cama hasta diciembre y rezar porque todo acabe bien...


Sé que lo superaré, y sé que me acostumbraré al dolor y a no moverme, con algunas visitas rápidas a urgencias...
Pero ahora mismo tengo la cabeza vacía y no me apetece escribir.


Quizá mañana...




Por cierto, aunque no me lo quieren decir con seguridad para que no me haga ilusiones, parece ser... que es niña...

viernes, 3 de julio de 2009

Decisiones


¿Por qué hacemos lo que hacemos?
Hace unos días tuve un problema de salud, digamos… peligroso.
Nos fuimos a urgencias inmediatamente. Servidora ha llegado a ser bastante expeditiva en según que cosas. Si te encuentras mal no esperas a ver que pasa, a ver si se va solo, a ver si….
Si te encuentras razonablemente mal vas al médico y punto.
Pero este razonamiento funciona cuando llegas al médico, te examina y te dice: Tiene usted esto, eso o lo otro. Vamos a hacer esto, eso o lo otro. Usted tiene que hacer esto, eso o lo otro y se curará.
Esto es lo que esperamos cuando vamos al médico.

Pero a veces no es eso lo que ocurre.
A veces te dicen:
Pues resulta que tiene usted dos opciones:
La opción A es horrible
La opción B es horrible.
Elija.

Hace varios años me encontré en esa situación. Tuve media hora para decidir entre dos opciones horribles. Ambas acababan con la muerte de mi padre, pero de distintas maneras. Mi padre no paso de aquella noche.

Poco después volvió a ocurrir. Pero en este caso mejoró la situación, ya que la decisión la pude tomar con varios años de antelación.

A los cinco años murió mi madre, espero que en paz.

Hace unos días volví a estar en una situación parecida.

Decidir sobre la vida de otra persona es una situación en la que nadie se debería encontrar. No es justo, no es fácil y deja una huella profunda. El resto de tu vida te planteas si hiciste bien o mal.

Pero decidir entre tu vida y la de otra persona, es simplemente demencial.

Esta vez fue ligeramente distinto, me encontré con que posiblemente tendría que decidir entre mi vida y la del ser que llevo dentro. Y como aquella primera vez con mi padre, me advirtieron de que no tendría mucho tiempo para decidir.
Mientras él (o ella) se estiraba y se metía sus manitas en la boca a través de la pantalla del ecógrafo, un médico me informaba de que mi vida corría peligro y de que si en unas horas no se estabilizaba, tendría que decidir interrumpir el embarazo. Así, tal cual, como quien decide si se quita una muela o la empasta.

¿Qué hace uno en esa situación?
¿Cuál es el motivo que nos impulsa a hacer las cosas?
Sinceramente no lo sé.
Y no sé lo que hubiera decidido en el caso de haberlo tenido que hacer.
Gracias a Dios y a la técnica, en unas cuantas horas el peligro pasó y no tuve que tomar ninguna decisión.

Y todos estos días de obligada reclusión me he seguido preguntando qué es lo que hubiera hecho. Y creo que nunca lo sabré.
Pero hay algo que sí que sé, y es que yo no quiero decidir eso. Y que nadie debería verse en la situación de decidir.

Y eso es lo que he aprendido…

miércoles, 13 de mayo de 2009

De vez en cuando la vida

¿Recuerdan?, este fue el título de mi última entrada antes del "cuento por capítulos", hace ya un mes.
En este tiempo no les he visitado, y tampoco he comentado ni escrito nada.
En este tiempo he estado "interiorizando".
Verán, yo siempre he pensado que la vida es como una partida de cartas. Las cartas que nos reparten no se pueden cambiar, está en nosotros saberlas utilizar con inteligencia y corazón.
También podemos descartar las que no nos interesan, pero es que además durante toda la vida nos siguen repartiendo una y otra vez.
Así, cuando piensas que ya tienes la jugada perfecta, resulta que te quedas con las más feas y vuelta a empezar.
Aunque tambien puede ocurrir que cuando ya das la partida por perdida, te aparece el as de corazones y haces poker.
Yo nunca fui una jugadora conservadora, nunca me quedé esperando a ver cuales cartas me daban, la robaba directamente del mazo. Y tampoco he tenido el más mínimo problema en descartar las que no me han interesado.
Así, mi particular partida ha sido bastante "movidita".
He hecho grandes amigos y grandes enemigos.
He tenido espectaculares éxitos y sonoros fracasos.
He ganado, perdido, sufrido y disfrutado como el que más.
Y últimamente ya me estaba empezando a apetecer algo más tranquilo, una vida más relajada.
Poder hacer planes a largo plazo, vivir la vida de otra manera, dejar de cambiar de mar cada pocos años, vivir en la misma casa, en el mismo barrio del mismo pueblo y con el mismo trabajo.
Pues hace un mes tuve algunos problemas de salud, nada serio. Algo similar a otras veces ( o eso pensaba yo).
Y cuando ya me preparé para afrontar una enfermedad... resultó que no estoy enferma.
A la edad en que esperábamos ser abuelos, resulta que vamos a ser padres.

Y llevo todo un mes intentando asimilarlo.


Asimilar que todos los planes que habíamos hecho para cuando la niña por fin se pudiera independizar ahora tendrán que cambiar (vean mi entrada AMADIP )


Asimilar que volvemos a empezar, más mayores, más cansados, aunque quizá también con más experiencia y más seguridad.




Y, bueno, aquí estamos, mirando de cambiar el despacho por un dormitorio, y mirando de ponerle barandilla a la escalera, y mirando de.... no sé, supongo que hay muchas cosas que mirar.




Y eso es todo (por decir algo, en realidad sólo es el principio)

Es curioso como todo cambia. En esta foto parece que estoy sola, pero en realidad iba alguien conmigo, mi as de corazones...



Y ahora que ya lo saben, me voy a visitarles a sus casitas, que les tengo a todos muy abandonados.






martes, 12 de mayo de 2009

Los dos soles ... y fin.



Selina estuvo toda la noche preparando provisiones. No quiso oír las protestas de Olayo.
-Aquel hombre dijo que llegabas a una zona recién descubierta, a saber que te vas a encontrar allí. Vas a necesitar comida, y ropa.
-¿¿Pero, tanta???
-Es que yo me voy contigo, dijo con resolución.
Los dos hombres se miraron estupefactos.
-¿Pero que dices, estás loca?? No dicen nada de que vaya con compañía, no puedes ir.
-Sí que puedo. Según me has dicho, en tu mundo las mujeres no son tenidas en cuenta. Seguramente, a alguien se le olvidó mencionarlo. Yo me voy contigo. Te quiero, y no me voy a quedar aquí esperando a ver si vuelves. Ya sé que no vas a volver, así que no se hable más.
Pero… Olayo no daba crédito a sus oídos. Y se encontró a sí mismo diciéndole que él también la quería, y que no iba a permitir que corriera ese riesgo. Prometió intentar volver. Prometió buscar las tormentas.
Lo prometió todo, pero de nada sirvió.
-He dicho que voy contigo, y no se hable más.
Yannu puede enseñar a los demás. Habla tu lengua casi tan bien como tú, y es muy listo, seguro que lo entiende todo perfectamente.
Yannu no abrió la boca. Conociendo a su hermana, que había sido el alma de la casa desde que sus padres murieron, sabía que no había forma de hacerla cambiar de opinión. Con un gesto asintió, y le dio su bendición.
Al día siguiente, los dos soles brillaban en todo su esplendor. Todo el pueblo se había reunido para despedir al extranjero.
La Anciana sacó el ordenador, y lo expuso a la luz del sol, una vez más. Y una vez más, la tapa se abrió suavemente, dejando a la vista las letras y la pantalla. Olayo se acercó, y cogiendo a Selina de la mano, empezó a presionar lentamente las letras, siguiendo las indicaciones de la voz que de allí salía.
Cuando terminó, todos quedaron expectantes, esperando acontecimientos. De pronto, el aire empezó a oscilar alrededor de ellos. Se cogieron de la mano y esperaron…
Apareció un torbellino sobre ellos, todo empezó a temblar, y aunque no soplaba nada de viento, sus ropas se movían con violencia. Olayo abrazó a Selina, protegiéndola con su cuerpo, cuando ocurrió algo inesperado.
Yannu les dio un fuerte empujón, y los sacó del torbellino, colocándose él en su lugar.
-¿Pero que haces? No puedes ir tú.
-Sí que puedo. Conozco tu lengua, y quiero conocer tu mundo. Nadie me reconocerá, podré hacerme pasar por ti, y tengo tu diario para aprender.
Tú quédate aquí, te necesitan. Mi hermana te quiere, y tú estás a gusto en mi mundo. Serás feliz, y ayudarás a ser feliz a mucha gente.
Adiós.
Un torbellino lo envolvió, y desapareció entre el ruido.
Quedaron todos mirando al espacio vacío donde segundos antes estaba Yannu, incrédulos y asustados.
Entonces, Olayo dijo:
-Se acabó. A partir de mañana, empezaremos a construir nuestra nueva casa. Ahora tengo una familia que cuidar. Anciana, ¿querrás casarnos?
-Claro, -contestó la anciana-. Pero primero debo mandar mensajeros. El consejo de ancianos se debe volver a reunir, nos tienes que enseñar.
Los dos soles empezaron a descender lentamente mientras Selina y Olayo volvían a la pequeña casita, en el pueblo debajo del gran árbol, y empezaban una nueva vida.

FIN:

Amanece en una isla del Caribe, un náufrago de extrañas vestiduras contempla absorto como un sol amarillo sale de las aguas. A lo lejos ve a unos hombres con brillantes armaduras, que se le acercan cautelosos.
-¿Quién eres, extranjero?
-Mi barco ha naufragado, la tripulación ha desaparecido. Olayo, me llamo Olayo, y vengo de España. ¿Qué día es?
-Estamos en el día 27 de noviembre del año del señor de 1522, que Dios guarde a nuestro Rey.

¿FIN?
2003

miércoles, 6 de mayo de 2009

Los dos soles (6)

“Año de 2492, la población mundial ha llegado a su límites. Hace años que se terminaron los yacimientos de petróleo, y el efecto invernadero impide el crecimiento de cultivos. Las guerras por la comida enfrentan al primer y tercer mundo, y el hambre se hace insoportable. Las colonias en la Luna y Marte empiezan a admitir pobladores, pero las condiciones allí son aún muy duras, y muchos colonos no las aguantan y fallecen. La diferencia de gravedad está afectando al ser humano, y las mutaciones se multiplican.
Después de varios intentos fallidos, la máquina de viaje interdimensional está preparada para hacer la primera prueba con seres humanos.
Desde hace 1000 años, se mantiene en secreto el diario del navegante. Es el diario de un navío que en el año de 1503 se perdió en el Cabo de las Tormentas, durante una terrible tempestad.. Toda la tripulación apareció en la costa después de la tormenta. Todos menos el grumete, que se había atado al palo mayor y desapareció junto con el barco.
Treinta años después, apareció en las costas de La Española, luego llamada Isla de Cuba. No consiguió que nadie creyera su historia, pues todos los que le conocían habían muerto ya, aunque él se mantenía extrañamente joven.
Se instaló en la isla, allí desposó con una indígena,, y su familia guardó el legado de su diario durante generaciones. En el siglo veinte uno de sus descendientes emigró a los entonces llamados Estados Unidos, llevándose consigo el valioso diario.
Cuando los viajes interdimensionales empezaron a ser posibles, hace unos cien años, el diario salió a la luz de nuevo, y un grupo de científicos decidió intentar encontrar el mundo de los dos soles, pues creyeron que era esa la única oportunidad de la humanidad, abocada a la desaparición por su egoísmo.
El 12 de septiembre de 2492, un grupo de 500 voluntarios, escogidos entre ciudadanos de todo el mundo, se embarcará en un viaje hacia otra dimensión, en busca de un mundo mejor. Llevan consigo este diario, que les identificará ante los pobladores del mundo que van a descubrir.
En este ordenador van todos los conocimientos que pudieran necesitar en su nueva vida, organizados por materias, y en 50 idiomas.
También lleva una máquina interdimensional, miniaturizada, adecuada para una sola persona, que volverá para informar de lo que han descubierto, y abrir el camino a los demás. Suerte."

Mientras la voz iba relatando la huida desesperada de un planeta moribundo, Olayo no salía de su asombro. Aunque le costó entender algunas de las cosas que allí decían, las imágenes que iban acompañando a la narración, aclararon algunos conceptos. De pronto se dio cuenta de que solamente él y los hermanos habían entendido el mensaje, pues el resto de los presentes hablaban un idioma completamente distinto, así que se dedicó a traducir todo aquello que había oído.
Luego exploró las posibilidades de aquel aparato. Según apretaba las letras, iban saliendo imágenes y una voz hablaba de medicina, arte, y algunas otras materias que le eran completamente ajenas.
Pero lo que sí que entendió perfectamente era que aquel aparato le podría llevar de nuevo a su mundo. La voz lo había dicho claramente, él iba a regresar. No le sonaban los nombres de La Española, o Cuba, o Estados Unidos, pero algo estaba claro, era su mundo, y él iba a regresar.
La anciana le sacó de su ensimismamiento.
-Tienes que enseñarme tu idioma. Tienes que enseñarme a utilizar ese artefacto. Tengo que aprender los conocimientos de tu pueblo. Aquí la gente muere de enfermedades, necesitamos saber lo que saben tus descendientes.
-Pero todavía no entiendo muy bien que es lo que ha pasado. ¿¿Mis descendientes en el futuro, mandaron una expedición a vuestro pasado??
¿Este es mi diario de dentro de 1000 años?, ¿o de hace 1000 años?
¿Y por qué yo?
¿Yo solo quería huir de la expulsión a que había sido condenado mi pueblo de su país, y ahora resulta que de mi vuelta depende la salvación de mi mundo en el futuro?
Es demasiado, tengo que pensar.
-Tranquilo, le dijo la Anciana, ve a descansar. Nada pasará esta noche.
Esa noche no durmió ninguno de los tres. Olayo pensaba en su mundo, y en como el futuro aparecía tan negro.
Yannu recordaba aquellas cosas maravillosas que había visto en el… ¿Ordenador?, había dicho la voz.
Selina sólo pensaba que Olayo se iba a marchar, y que no volvería a verlo.
Al día siguiente los tres, pensativos y cabizbajos, fueron al encuentro de la anciana.
Olayo tomó la palabra.
-Anciana, Yannu y Selina conocen mi idioma, ellos te podrán traducir lo que diga la voz, y tu pueblo podrá aprender y mejorar.
Yo debo volver. Aquel es mi pueblo. Es verdad que no me han tratado bien, y que tuve que huir. También es verdad que por lo visto, no han aprendido con los años, y han tenido que mandar colonos a otros lugares.
Me gusta vuestro pueblo. Aquí no hay guerras, ni luchas, ni rencores.
Pero debo volver. Alguien debe llevar el diario de vuelta, para que dentro de mil años un grupo de humanos pueda escapar del infierno y venir aquí, hace mil años.
Si este aparato me puede hacer volver, volveré.
Se dirigieron al árbol, y la Anciana sacó el ordenador a la luz. Otra vez, la magia funcionó, y la tapa se abrió suavemente.
Olayo miró atentamente las letras, y fue tocando una por una: v i a j e.
La voz volvió a hablar. Pausadamente fue explicando los pasos a seguir para iniciar el viaje interdimensional. En realidad era muy simple, el aparatito lo hacía todo. Solo había que colocarse frente a él, y ya estaba.
Se decidió que el viaje sería al día siguiente.

sábado, 2 de mayo de 2009

Los dos soles (5)



Olayo esperaba cualquier saludo, menos aquel, y se quedó completamente mudo.
-Anciana, ¿qué quieres decir?, no entiendo. Llevo dos años buscándote, pero no llego a imaginar que es lo que buscas tú de mí, y cómo sabías que iba a venir.
-Pasa, pasad vosotros también, Selina y Yannu, tengo muchas cosas que explicar.
La siguieron al interior del árbol, hasta una cámara excavada en su mismo corazón. Allí abrió un enorme cofre de madera, y de su interior sacó un recipiente metálico.
-Este, es el llamado “Cofre de la memoria”. Lo trajeron con ellos los primeros pobladores y lleva en nuestro pueblo muchas generaciones. Mi estirpe fue la encargada de guardarlo, por una razón que no conozco, pero seguro que tú me podrás aclarar.
-¿YO?
El pobre Olayo cada vez entendía menos, y miró con incredulidad aquel cofre, construido en un material liso y brillante parecido al de las espadas, aunque más duro.
-Calla y escucha.
-Entre los Ancianos hay una leyenda, ha ido pasando de anciano a anciano, y nunca la hemos contado al pueblo. Un día llegará un viajero de tierras lejanas. El será el encargado de darnos el conocimiento que necesitamos para poder prosperar. El interpretará la sabiduría del Cofre de la memoria, y luego partirá, al igual que apareció.
-¿Y como sabes que ése soy yo?
-¿Y como sabías que llegaría hasta aquí?
-No lo sé. Dímelo tú. Toma el cofre y ábrelo. Desde hace cientos de años, nadie lo ha podido abrir. En algún momento de nuestra historia, se perdió el conocimiento de cómo hacerlo, alguien decidió que no debíamos verlo hasta que Tú llegaras.
Olayo cogió el cofre con las dos manos y lo observó. Al principio no se había dado cuenta, pero tenía algunos grabados en un lateral. Estaban semiborrados por el paso del tiempo, y las numerosas manos que habían pasado por su superficie, y pidió salir a la luz, para poderlo ver bien.
Salieron fuera, donde aún esperaba el resto del pueblo. La Anciana en primer lugar, seguida por el extranjero y los dos hermanos.
A la luz, se confirmaron sus sospechas, Aquellos grabados no eran otra cosa que palabras. Y, para su asombro, decía exactamente: “para abrir, presionar en los laterales”, en un extraño pero comprensible castellano.
No perdió el tiempo. Identificó en los lados del cofre dos pequeñas oquedades, las presionó a la vez, y como por arte de magia, se abrió la tapa de aquel cofre. Todos dieron un paso atrás, murmurando, magia…magia. Olayo no les prestó atención, estaba anonadado. En aquel lugar, no se sabe donde o cuando, donde no conocían los libros, ni siquiera la escritura, había encontrado algo escrito en castellano.
Nerviosamente, miró en el interior. Había un objeto rectangular, hecho de un extraño y ligero material, completamente negro, salvo por dos cristales que cubrían la mitad de su parte superior. Y algo, envuelto cuidadosamente en un material transparente, pero asombrosamente fuerte.
Al desenvolverlo, casi se le cae de las manos, y un ahogado grito salió de la garganta de Selina, que salió corriendo en dirección a su casa
Aquel objeto… era su diario.
Estaba estropeado, con las hojas amarillentas, casi marrones, y las tapas carcomidas. Pero no cabía duda de que era su diario.
Miró a la Anciana, casi sin aliento, pero lo único que recibió fue una serie de interrogaciones. ¿Qué es ese objeto?, ¿para que sirve? ¿es la respuesta a tus preguntas?
Olayo explicó lo que era, y Selina apareció, con el diario original, que había ido a buscar a toda velocidad. Eran idénticos, salvo por el pequeño detalle que por uno parecían haber pasado cientos de años.
Las miradas se dirigieron hacia el otro objeto, que seguía dentro del cofre.
Olayo sacó aquella especie de cajita negra, de solo dos cuartas de largo por una de ancho.
Bajo el cristal de la tapa, había algo escrito. Esta vez no le sorprendió encontrar un idioma conocido. Ponía simplemente “para encender, póngase a la luz del sol”.
-Estupendo, aquí tenemos dos soles, así que hagan sitio, que le de la luz.
Cuando los soles iluminaron la extraña caja, la tapa se abrió suavemente, dejando a la vista una superficie lisa y plana en uno de los lados, y otra con letras en relieve, en el otro.
Entonces, un sonido salió de la cajita, y algunos salieron aterrorizados. El resto, los más, estaban como hipnotizados por aquellos extraños sucesos, y Olayo entre ellos. La zona lisa se iluminó y empezaron a aparecer imágenes, como pinturas en movimiento. Se veía gente entrando en una enorme nave, cilíndrica con alas, como un gigantesco pájaro de metal. A la vez, una voz salía de algún sitio, e iba narrando, en un extraño castellano, aunque comprensible para Olayo.
continuará.....

miércoles, 29 de abril de 2009

Los dos soles (4)

-¿Dónde?, ¿dónde está la anciana?
Selina, que hasta ese momento había estado silenciosamente oyendo el relato del extranjero, se levantó y señaló hacia la ventana.
-¿Ves ese enorme árbol que cobija nuestro pueblo? Pues en su interior vive la Anciana. Nadie sabe que edad tiene, ni ella misma lo recuerda. Todos la llamamos la Anciana, y es la más antigua integrante del consejo de ancianos de nuestro país.
-Llévame hasta ella, imploró Olayo. Ella tiene las respuestas que necesito.
-Eso no puede ser, extranjero, respondió el hermano mayor. En esta estación se reúnen todos los consejos de ancianos de nuestro mundo. Acuden de los valles y de las montañas, de las heladas tierras del norte, y de los ardientes desiertos del otro lado del mar. Viajan durante semanas, para poner en común la sabiduría que acumulan durante diez años. El lugar de reunión es secreto, sólo ellos lo conocen, y se transmite de generación en generación.
Aún pasarán muchos días y noches hasta que regrese. Por tanto, tendrás que esperarla aquí. Yo necesito ayuda en mi trabajo, si quieres puedes quedarte entre nosotros.
Una luz apareció en el fondo de las pupilas de Selina. El extranjero la había impresionado profundamente, y la expectativa de tenerle en su hogar durante varios meses le parecía emocionante. Esperó con ansiedad su respuesta.
-No puede ser, después de todo lo que he viajado, no puede ser que tenga que quedarme aquí sin hacer nada.
La voz de Olayo se volvió a quebrar un momento, pero inmediatamente recobró su aplomo.
-Pero, si no hay otra opción, aceptaré gustoso tu ofrecimiento, y ayudaré en lo posible a tu pequeña familia.
Olayo se instaló provisionalmente en la estancia central, y rápidamente puso manos a la obra de levantar una habitación para él y para su caballo, ayudado por Yannu, que era un leñador y carpintero excelente.
Aquella noche, sin embargo, decidió dormir al raso, bajo la luz de las estrellas. Dio comida y bebida a Alí, y le dejó libre para que estirara un poco las patas. No había visto caballos en el pueblo, aunque sí unos animales parecidos a vacas sin cuernos, que eran usados como carga, y fuente de leche. Por lo visto, en aquel mundo se comía poca carne, y solamente en ocasiones muy especiales. Lo comprendió cuando le explicaron que no tenían grandes animales de abasto, y que solamente cazaban pequeños animalillos, para complementar una dieta basada en frutas, verduras, y una especie de pan hecho con harina de tubérculos.
Se sentó delante de la casa y sacó el diario de a bordo, que había llevado consigo, y que le había servido de confidente en el ya largo año que llevaba en el nuevo mundo. Encendió una lumbre, y se dispuso a plasmar allí sus pensamientos, cuando oyó un crujido.
En el círculo de luz, vio aparecer a Selina, que se acercó tímidamente.
-¿Qué son esos dibujos que haces, extranjero? Y ¿qué extraño objeto es ese que tienes en tus rodillas?
-¿No sabes lo que son los libros?
-Libro… extraña palabra, no la conocía. ¿Para que sirve?
-Pues sirve para guardar las experiencias, los pensamientos, los conocimientos. En este libro anoto todo lo que me ha sucedido desde que salí de mi país. Yo era el encargado de llevar el diario de a bordo, pues era el único que sabía leer y escribir en el barco. Cuando llegué a esta tierra, decidí seguir llevando la cuenta exacta de todos los acontecimientos, para que nada se me pudiera olvidar. Lo que tu llamas dibujos, son letras, que juntas forman las palabras con las que hablamos.
Selina, si no tenéis libros, ¿Cómo aprendéis?
-Pues los ancianos se ocupan de eso. Ellos tienen la sabiduría, y nos la transmiten mientras somos pequeños. Ellos deciden que es lo que debe saber cada uno, y cuando sabe bastante. Yo aprendí a cuidar de la casa, a cocinar y a arreglar ropas. También me enseñaron a cultivar los alimentos, y el uso de las hierbas medicinales. Mi educación ya está completa, según la Anciana, ya soy adulta (esto último, lo dijo con un inconfundible toque de orgullo en su voz).
Yannu es carpintero, aprendió todo lo necesario sobre los diferentes tipos de madera y sus tratamientos. Es el mejor carpintero del pueblo, y todos aprecian su trabajo. Cuando tiene tiempo, hace pequeñas tallas en madera, que cambia por frutas o carne, o algún regalo para mí.
En eso, se abrió la puerta de la casa, y la chica desapareció igual que había llegado, con un leve crujido.
Al día siguiente, Olayo se cambió sus ropas de viaje por otras que le prestaron, y salió al bosque a por madera, con su nuevo amigo.
El tiempo fue pasando, y los días se convirtieron en semanas. Poco a poco, fue conociendo al resto del pueblo, y aprendiendo cosas de sus costumbres. En aquel pueblo no existía el dinero. Todos hacían su trabajo, y lo intercambiaban por las cosas que necesitaban para vivir. Según le contaron, todo el país estaba formado por pequeños pueblos como aquel, cada uno con un Anciano, que a la vez ostentaba el poder y se encargaba de transmitir los conocimientos. En su vocabulario, palabras como guerra o lucha, no existían, nadie había oído nunca hablar de un enfrentamiento entre pueblos, y las pequeñas disputas se solucionaban con la intervención del Anciano.
No entendieron cuando les explicó que su pueblo había sido expulsado de sus casas, y que él había tenido que emigrar, para salvar su vida. Y los aparatos de navegación que llevaba consigo, les parecían mágicos.
Al ocaso, Selina le acompañaba, y escuchaba embelesada las historias de sus viajes. La pequeña, había dejado de ser tan pequeña, y se había convertido en una hermosa jovencita.
Yannu también le escuchaba, pero con una expresión entre inquisitiva y incrédula. Aquel carpintero parecía tener más inquietudes que sus paisanos, incluso pidió aprender su lengua, para poder entender las anotaciones de aquel libro. La idea de una sabiduría plasmada para siempre, le pareció tan útil, que no la quiso desaprovechar.
Un día, al cabo de muchas semanas, de repente, un alboroto despertó a Olayo, antes del alba.
¡La Anciana, ha vuelto la anciana…!
Por fin.
Ya llevaba un año en aquel poblado, y les había tomado cariño, a su forma de vida tranquila y sin sobresaltos, y especialmente a Selina…
Pero no podía olvidar lo que le había llevado hasta allí, y rápidamente se vistió y salió por la puerta. Allí le estaban ya esperando los hermanos, y los tres se dirigieron a la base del enorme árbol, que servía de protección para el poblado.
Cuando llegaron, una mujer de edad indefinible les esperaba en la entrada, rodeada de la mayor parte de los habitantes de la región. Como es costumbre, debería darles a conocer las nuevas de la reunión, enseñarles los nuevos objetos que traía de lejanos países, y compartir con ellos los adelantos que había experimentado el mundo en aquellos diez años.
Pero, en vez de eso, tranquilamente se dirigió a Olayo.
-Pasa, te esperaba, le dijo. Llevo toda mi vida esperándote.

sábado, 25 de abril de 2009

Los dos soles (3)



Una clara noche de junio, la brújula empezó a dar vueltas sin medida. El cielo se cubrió, y nuestros modernos aparatos de navegación se hicieron totalmente inútiles, pues dependían de la visión de las estrellas.
Una extraña luz lo cubrió todo, y una explosión sacudió nuestros cuerpos, zarandeando el barco como si fuera de papel. Durante horas estuvimos en un carrusel de subidas y bajadas, sacudidas y temblores, aunque la superficie del mar permanecía extrañamente plácida.
Yo me até como pude al palo mayor, y perdí el conocimiento. Cuando lo recobré, estaba sólo en el barco. Todos mis compañeros habían desaparecido.
El cielo estaba despejado, así que bajé a la cámara del capitán y medí nuestra posición, como él me había enseñado. Para mi sorpresa, no pude reconocer ninguna estrella. No estaba la familiar Estrella Polar, guía de mis correrías de infancia, ni se distinguía la Vía Láctea, camino de peregrinación de los cristianos de mi tierra natal.
Tampoco estaba mi nueva amiga, la Cruz del Sur, emblema del continente austral, ninguna de aquellas luces me resultaba conocida. La luna brillaba por su ausencia.

Qué extraño, si estábamos en el creciente…
Eché el ancla, y descubrí que debíamos estar cerca de tierra, pues la profundidad era poca. Decidí echarme y descansar, pues todo aquello debía ser consecuencia de mi gran cansancio. Con la luz del sol todo se vería con más claridad.
Me despertó una azulada claridad. Abrí los ojos, el sol estaba a punto de salir, y se veía tierra, a menos de dos millas, La extraña tormenta de la noche anterior nos debía de haber acercado al continente, quizá mis compañeros habían tenido suerte, y se hallaban ya en la costa. Aparejé el navío con el velamen de reserva, y me dirigí hacia una pequeña playa. Me resultaba desconocida, pues quizá no habíamos desembarcado en esta parte anteriormente, y se veía desierta, pero no hallaba el momento de verme en tierra firme.
El sol finalmente salió, pero era una mañana extrañamente azulada, se veía al astro rey pequeño y frío, como si el calendario hubiera corrido varios meses, y estuviéramos otra vez en invierno, quizá estábamos más cerca del polo de lo que yo creía cuando empezó la tormenta.
Decidí recoger provisiones en la sentina del barco, para explorar la costa, y estuve un buen rato empaquetando todo aquello que me pareció importante.
Al oír un relincho, recordé a los animales, y fui hasta la bodega. Ni rastro de las gallinas y de la cabra, pero el caballo seguía aún allí, y el noble animal se alegró tanto de verme como yo a él, pues eso me aseguraba un medio de transporte, y la posibilidad de llevar mucha más carga.
Cuando tuve todo dispuesto, subí a la cubierta.
¡No podía creer lo que veían mis ojos!
El azulado y triste sol estaba ya alto en el cielo, y bajo él había...
¡Otro sol!
Un sol enorme y naranja ocupaba el lado de oriente, iluminando el paisaje, con una luz muy brillante.
Por Alá, ¡si había dos soles!

-¿Dos soles?
Los dos hermanos se miraron con perplejidad, y contestaron a la vez.
-Pues claro que hay dos soles, ¿Cuantos soles quieres que haya, siete?
-No lo entienden, en mi mundo siempre ha habido un sol, el Sol. No sé que extraño mundo es éste, ni como he llegado hasta aquí, pero añoro a mis padres, mi tierra, mi cielo.


Cuando llegué a tierra empecé a comprender que algo extraño había ocurrido durante la tormenta. Las plantas eran desconocidas, y los pequeños animalillos que me encontraba por el camino, eran totalmente diferentes de los que yo conocía.
El pobre Alí (le puse ese nombre al caballo, un pura sangre árabe), tardó bastante en decidirse a mordisquear las plantas que nos encontramos por el camino, aunque al final pudo más el hambre que la desconfianza, y los dos nos tomamos un merecido desayuno.
Después de dos días de camino, y sin rastro ninguno de mis compañeros, llegué a un pequeño poblado, habitado por una sola persona. Era un viejecito encantador, que me acogió amablemente en su casa, me dio de comer y atendió a mi caballo.
En un principio, no nos entendíamos, no hablábamos el mismo idioma, pero poco a poco me fue enseñando a entenderle. Y no solo eso, también me contó las historias y tradiciones de este mundo.
Me explicó que hace mucho tiempo, tanto que nadie sabe cuanto, este mundo estaba deshabitado. Un día, después de una horrible tormenta, un extraño aparato llegó lleno de gente. Algunos murieron, pero la mayoría sobrevivió y se establecieron justo donde él me había encontrado, utilizando para ello los restos de la extraña nave que les había traído.
Al principio, el poblado prosperó, llegaron algunos niños, y creció en población. Pero pronto aparecieron los problemas.
Unos querían encontrar el camino de vuelta a sus casas.
Otros preferían explorar la zona, y establecerse en esta tierra tan fértil y prometedora.
Algunos otros preferían quedarse donde estaban, esperando a que alguien fuera a buscarlos.
Después de muchas discusiones, el grupo se disgregó, y unas pocas familias se quedaron en el lugar de origen, esperando…
Desde entonces había transcurrido el tiempo, y los peregrinos fueron explorando el planeta, y estableciéndose por todas partes. Nunca encontraron el camino de vuelta y poco a poco se fue perdiendo la información de los antepasados, sólo algunos ancianos transmitían oralmente la historia de pueblo en pueblo.
Tras muchas generaciones, el anciano era el último habitante del poblado, y con él se terminaba la última familia originaria.
Me dijo que en un país al sur, había una anciana que guarda con ella el “cofre de la memoria”. Quizá ella me ayudaría a encontrar lo que andaba buscando.
Por eso viajo, busco a la anciana que me ayude a regresar a mi mundo.
Selina y Yannu se miraron, cada vez más perplejos.
-¿La anciana, dices?, pero si vive aquí al lado…


miércoles, 22 de abril de 2009

Los dos soles (2)




Como ya os he dicho, mi nombre es Olayo.
Mi tierra es muy hermosa, las surcan grandes ríos, los campos son fértiles, y las gentes trabajadoras.
Yo vivía en un pequeño pueblo, muy parecido al vuestro. En él convivimos gentes de varias razas y culturas, sin mayores disputas que las propias del campo y de las bestias.
Cometí un tremendo error, fruto de mi inexperiencia y de mi juventud. En la casa de al lado vivía una hermosa niña, a la que yo observaba cada día desde mi ventana. Pero yo no podía comprender que la relación entre nuestras familias estaba prohibida, pues aunque los intercambios comerciales entre nuestras comunidades son frecuentes, no se nos permite mantener ningún otro tipo de comunicación. Pronto aprendí que mi insistencia de hablar con ella había traído funestas consecuencias. Sus padres eran poderosos comerciantes, y mi familia es de humildes labradores. Al parecer, yo no le era indiferente del todo, pues a mis miradas respondía con tímidas sonrisas, rápidamente ocultas tras de las cortinas. Pero una mañana temprano, en la casa de al lado observé un gran revuelo. Un rico carruaje esperaba a mi hermosa vecina. La vi salir, envuelta en velos de seda, y rodeada de sirvientes. Subió al carruaje, y haciendo un tímido gesto con su mano hacia mi ventana, desapareció de mi vida para siempre.
Aquello me partió mi aún joven corazón. Pero corrían malos tiempos para los míos. Rumores de guerras y expulsiones llegaron hasta mi remoto pueblo. Mis padres, ya mayores, no se veían con fuerzas para cambiar de vida, pero decidieron enviarme lejos, donde no me alcanzaran los peligros que se avecinaban.
Debo decir que mi país es de grandes navegantes, que han recorrido los siete mares, y descubierto lejanas y exóticas tierras. Viajé varios días hasta llegar a un gran puerto, donde innumerables barcos atracaban y zarpaban todos los días, rumbo a los más lejanos destinos.
Mis ropas me delataban, y me rechazaron en varios de ellos, pero el capitán de un pequeño navío, que zarpaba rumbo al sur, decidió acogerme como mozo de cuadras, al ver la fuerza de mis músculos, labrada tras años de arar el campo. Debo decir que era costumbre viajar con algunos animales en los barcos, cabras para proveer de leche fresca, gallinas para tener huevos, y algún caballo, en este caso el del capitán. Bueno, y cientos de ratas y ratones, que se embarcaban sin pedir permiso…
Aunque el comienzo de la travesía fue muy tranquilo, tardé en acostumbrarme al vaivén de las olas, y los primeros días no fui de gran ayuda. Pero poco a poco me acostumbré, y hasta lo encontré agradable y acogedor. El capitán decidió acogerme bajo su protección, y me enseño a usar la brújula, y el astrolabio para guiarme por las estrellas, me explicó que era un invento de mis antepasados, y que sin él, no podríamos hacer las grandes travesías que hacemos. Aquel navío poseía los más modernos aparatos de navegación, iba surtido de las cartas más actuales, y varios repuestos de velamen y cordaje. Lo aprendí todo sobre la navegación. Paramos en diferentes puertos, y descubrí que mi pequeño mundo no era sino una ínfima parte del enorme universo. Vi razas extrañas, y animales más extraños aún.
Ya llevábamos un año comerciando cuando decidimos poner rumbo a casa.
De las posibles rutas, mi capitán decidió tomar la más corta, a pesar de que era con mucho la más peligrosa, y se decía que los viajeros desaparecían sin dejar rastro. El tiempo era bueno, nos encontrábamos en la primavera, y nada hacía presagiar el desastre….

domingo, 12 de abril de 2009

Los dos soles

Hace algún tiempo me dio por escribir un cuento para una niña que ahora ya no es tan niña.

Entonces descubrí que para escribir un cuento... hay que saber escribir. Eso me llevó a intentar aprender, mejorar, progresar en la escritura. Y entré en los blogs, en las comunidades de escritores, y empecé a hacer cursos online.

Sigo sin saber escribir nada de ficción más largo de dos folios, aunque estoy en ello.



De aquella época queda un bonito recuerdo: mi cuento.



Hoy no lo habría escrito, pero la ignorancia te da alas, como el Red Bull. Y estoy orgullosa de él.

Algún día lo reescribiré y me sentiré aún más orgullosa.

Pero ese día se aleja empujado por las pequeñas y grandes cosas cotidianas y he pensado... compartirlo con ustedes así tal y como está.

Es como un bebé que aprende a caminar, que se tropieza y cae y balbucea pidiendo agua.

Pero es mío. Creo que algunos ya lo conocen, aunque no sé si lo recuerden...



Va por episodios.



Y va por todos ustedes.







LOS DOS SOLES





Érase una vez, en un tiempo muy lejano...
En un antiguo pueblo de una antigua civilización, cuando el tiempo aún no había nacido, una extraña raza poblaba un extraño planeta.

En este pueblo, construido bajo un gigantesco árbol, vivían dos hermanos.
Yannu, el mayor, se dedicaba a construir casas para las gentes de la ciudad. Durante el día recogía materiales en los alrededores para luego
hacer las ventanas, puertas y paredes de sus convecinos.
La hermana pequeña se llamaba Selina y, aunque era aún joven, ya se ocupaba de la casa y de la comida.
Habían quedado huérfanos después de una terrible epidemia que había asolado la región, y vivían tranquilos cuidando el uno del otro.
Un día, cuando Selina estaba recogiendo fruta en su jardín para hacer una suculenta tarta, vio acercarse a un extranjero, con extraños ropajes...
- Mi hermano no está, forastero, pero si lo deseas, puedo ofrecerte un refresco y algo de comer...

El joven quedo sorprendido por tanta amabilidad, y como estaba realmente cansado del viaje, aceptó. Cuando entraron en la casa, quedo sorprendido, por la sencillez de la morada,pues solo había dos sillas, una mesa, un fregadero y la cocina de leña. Al fondo había dos puertas que daban a las habitaciones de los dos hermanos.
Ella le ofreció un vaso de agua y unas fresas que acababa de recoger del huerto, y tímidamente le preguntó:
- Dime forastero, ¿cuál es tu nombre?.- Perdona mi torpeza. Mi nombre es Olayo.
- Tu ropaje me desconcierta, forastero, en estas tierras nunca vimos nada parecido.
Olayo, pensó que no debía engañar a aquella chica que tan amablemente le ofreció su casa y su comida, pero también sabía que debía ser cauto, así lo que le dijo:
- Vengo de un país muy distinto al vuestro, por lo que vi en mi largo caminar y en cuanto a mis ropas, es cierto que resultan extrañas.
Selina, noto que al joven se le quebraba la voz, y pensó si habría hecho bien en preguntar.
Los dos quedaron en silencio, así estaban cuando se abrió la puerta y entro el hermano de la joven, que extrañado miro a Selina y frunciendo el ceño preguntó:
- ¿Quién es este hombre que esta sentado en mi silla?
Olayo, poniéndose en pie, pensó que después de todo le convenía dejar atrás el misterio, le miró y le dijo:
- Mi nombre es Olayo y viajo desde España
- ¿Espanna, dices?, extraño nombre, nunca lo había oído.
- No, España. No es raro que lo desconozcas, pues mi país no es de este tiempo.
Yannu, que cada vez se sentía más incómodo le replicó:


- Explícate extranjero.


La joven Selina, que hasta ese momento se había mantenido discretamente apartada, le trajo otro vaso a su hermano, y le pidió por señas que se sentara.
Como en la estancia solamente había dos sillas, ella se sentó graciosamente en el suelo, con las piernas cruzadas, y ambos se dispusieron a escuchar lo que Olayo le quisiera relatar.




Seguirá...

viernes, 10 de abril de 2009

De vez en cuando la vida...


De vez en cuando la vida va por su lado
Coge el camino que olvidamos seguir
y nos empuja a nuestro pesar.
De vez en cuando la vida nos guiña un ojo
nos tira del pelo y nos hace recapacitar.
A veces es una tormenta que nos ahoga
un espeso remolino difícil de remontar.
Otras juega con nosotros y nos marea
escondiendo la salida de tanta desolación.
La vida tiene estas cosas ,no sabe de reglas ni planes,
Nadie le puso freno ni conoce una dirección
Y entonces un día la vida llama a tu puerta,
entra en tu casa y te dice: Hola, aquí estoy.


Como siempre... la vida me ha vuelto a dar una sopresa.

Y como siempre, y van..... muchas, aún no sé como voy a salir de esta....

Pero como siempre, saldré y volveré para contarlo.

Perlita.


sábado, 4 de abril de 2009

Mis desapariciones

No estaba muerta, estaba de parranda...

Tampoco estaba de parranda, pero estaba alejada de este mi blog.

Les he echado de menos, pero la verdad es que estas semanas he estado muy ocupada. En parte por lo que ya les conté en mi anterior entrada: el primer cuatrimestre del año es el más duro en mi trabajo y me deja sin energía ni imaginación.
Además tengo que preparar algunas presentaciones en cursos que doy, que se llevan lo poco que me queda de neuronas.

Les pido disculpas por no haber estado por aquí, por no haberles visitado, aunque no por olvidarles, porque eso no ocurrirá nunca...

Y ahora les dejo una muestra de lo que me ha servido estas semanas para "limpiar" mi cerebro de impurezas y volver a mi estabilidad mental cada tarde-noche:


Mi granado, brotando...


Mi romero, también despertando


Mi rosal, tan anciano, sigue al pie del cañón




Un precioso regalo




Reciclando antiguallas


Brotes de fresias


Agatheas, preciosas


La cala, tan clásica y tan delicada


Una tímida rosa invernal



Están invitados a un cafecito:



Y, finamente, panorámica desde mi cocina:




Efectivamente, este mes de marzo he estado montando mi jardín... Por fin...
NO olviden nunca que les quiero.

miércoles, 11 de marzo de 2009

Sobre la utilidad de algunos trabajos...




Estos días he tenido mucho trabajo.
Y no sólo mucho, sino distinto…
Durante un par de meses al año mi trabajo se convierte en una aburrida sucesión de declaraciones de gente que me cuenta cuantos animales tiene, cuantos piensa tener, donde los tienen, qué hacen con ellos… Se llama “Declaración Anual de Censos”, y sirve básicamente a efectos estadísticos, y para saber cuanto dinero hay que prever en vacunas, identificación, etc.…
Es un poco aburrido, no se asusten que no se lo voy a contar.
El caso es que durante estos dos meses viene mucha gente que no tiene contacto habitual con la administración, la mayoría de ellos viejecitos que tienen diez o quince ovejas, cuatro o cinco cabras, un burrito, pavos, patos, y cosas así.

Es increíble cómo ha cambiado el mundo (mi mundo, nuestro mundo) en unos pocos años.
Estas personas no entienden porqué me tienen que contar sus posesiones. La mayoría son tan mayores que ni siquiera han hecho nunca una Declaración de la Renta.
Cuando eran jóvenes y trabajaban, nadie se interesaba por lo que hacían, simplemente trabajaban, cobraban y listo. No había registros, normas de seguridad, de salubridad, de nada…
Vienen obligados porque una carta muy amenazadora les dice que si no vienen se les multará (antes no se enviaba carta y simplemente no venían…)

Y me veo cada día delante de un señor de cuatrocientos años, completamente analfabeto, que firma igual que si dibujara, intentando que me diga cuantas ovejas le han parido, intentando explicarle que no puede tener una cerda si no tiene su documentación en regla (¿Qué documentación???) y sobre todo intentando que me apunte cada vez que se le muere (o se come) una oveja, la fecha y el número que lleva en la oreja.
Por no hablar del libro donde tienen que apuntar cada vez que dan un medicamento, especialmente porque no dan medicamentos.
Sé positivamente que a veces lo que me cuentan es mentira.
Y sé positivamente que en cuanto salgan de mi despacho, cogerán ese libro que he estado una hora explicando como se rellena, lo meterán en un cajón, y me lo traerán el año que viene impoluto…

Viven en el siglo XXI, pero su mente sigue en el XIX.

En marzo, envío mis datos a mis jefes, y se utilizan para elaborar los presupuestos.

Mientras, mi anciano pagés se va a su casa y le cuenta a su señora que una “forastera” muy pesada le hizo muchas preguntas tontas, y que le ha dado un libro amarillo que no ha entendido. “Estos del Gobierno lo quieren saber todo”.

Sinceramente, si no fuera porque estoy segura de que después de todo mi trabajo es necesario… Hay días que me deprimiría.
Perlita.

viernes, 27 de febrero de 2009

Anoche salí




De mi archivo:


Anoche salí.
Esto de salir por la noche es algo de costumbre, ¿no creen?
Quiero decir, una está en la flor de la vida, y sale con los amigos, pasa noches por ahí, de discoteca en discoteca, ligando lo que puede y la dejan.
Entonces conoces a un chavalito, las hormonas funcionan, y sigues saliendo, pero claro, como tienes novio, pues vas a tiro hecho, y la cosa, como que cambia.
Terminas la carrera, y la cosa se pone seria (con éste o con otro, que para el caso...) y entonces, que si hay que ahorrar para la boda, que si el piso, y cada vez sales menos. Además, ¿para qué vas a salir, si lo divertido lo tienes en casa? bueno, o en el coche, o en el portal, que cualquier sitio vale...
Luego te casas, y sin saber ni como, aparecen dos críos. Como para salir por las noches está la cosa, llevas cuatro años sin dormir, entre el angelito y la angelita. Encima, van y te ascienden en la empresa, así que trabajo doble.
Y lo divertido... bueno, el sábado y gracias, que no estás para muchos trotes. Además, como ya conoces el pastel, le pones el piloto automático, y listo, que después él se duerme y tú a descansar (o a darle agua a la nena, o leche, o llevar al nene al baño, que ya no lleva pañales...)
¿Que se casa tu sobrino? Pues nada, dejas a las fieras con una canguro, y te vas con tu flamante maridito y su flamante barriguita. Te tomas una cervecita, la copa de blanco, la de tinto, la de champán, y dos cubatas. Bailas como una loca con tu tío, y les demuestras a todos lo estupendamente joven que estás, para que se mueran de envidia.
Pero a eso, yo no lo llamaría salir...
Ay, pero un día, sin saber ni como, te encuentras que ya no hay maridito ni barriguita. El muy sinvergüenza llevaba tres años sustituyendo tus sábados por los de su secretaria (chica, es que hay que ser tonta para creerse tanta reunión, mujer), y el alivio que tenías de que te dejara dormir, se convierte en un absoluto pasmo.
Y entonces... aparece tu querida amiga, la que se divorció a los tres meses de la boda, y que te promete que te va a poner otra vez en marcha.
Te convence de que aún estás muy bien, de que tienes que salir, divertirte, olvidarte del canalla de tu ex, que ella te encuentra una buena canguro, bla, bla, bla. Y por no oírla, quedas un sábado por la noche.
Primer problema... ¿qué te pones?
Porque, claro, el traje de las bodas no te lo vas a poner, y tu, de vida social, como no te saquen de las reuniones de padres, y del pediatra, poquito.
Nada, nada, aquel minivestido que tu marido no te dejaba poner ni a tiros, porque se te veía nosequé, será perfecto. Te pintas como una mona, te echas perfume, y un par de preservativos, por si las moscas, que te ha dicho tu amiga que hay mucho hombre ansioso por ahí...
A las diez, te vienen a buscar, tu amiga y sus compinches, a los que ni conoces. Preguntas por cual discoteca van a ir.
Después de atragantarse tres veces de la risa, te explican amablemente que lo de las discotecas ya no se lleva, que ahora lo "in" son los locales de copas, y que, además, como es veranito, van a ir a una terraza muy molona, que está absolutamente de moda.
Las once, después de buscar aparcamiento durante una hora, llegas a la famosa terraza. Preguntas tímidamente si dan de cenar en ese sitio, y tu amiga, colorada como un tomate, te pide por favor que no la avergüences, que los sábados no se cena.
Pues tú tienes hambre, y además, tienes que llamar a la canguro, así que insistes hasta ir a un chiringuito a tomar unas tapitas, o bocadillos, o lo que sea. Te llenas el estómago, hablas con la canguro, y dispuesta para la batalla.
De vuelta a la terraza, son las 12:30. Dos millones de chavales abarrotan la calle, las aceras, y todo lo que se ve alrededor. Esto de be ser lo que llaman botellón -piensas- pero mejor te callas, pones cara de entendida, y sigues a la pandilla.
Una cola en la entrada, de narices, y dos enormes gorilas que solo dejan pasar a quien les parece a ellos.
Tu amiga, viendo tu expresión de estar en la luna, te explica con toda la calma que le queda, que es una terraza para "carrozas" como tú, que a sus amigos no les gusta, pero que por esta noche te van a hacer el gusto, para que no te sientas muy extraña.
Extraña, -piensas-, si es la una de la madrugada, y ya no sabes que hacer para aguantarte los bostezos.
Pues nada, te piden un cubata (lo que sea, piensas, a ver si se me va el sueño) y a bailar.
Todos parecen conocer la música, porque gritan como posesos con cada nueva canción.
-¿Pero cuando llegó toda esta gente?, si no me puedo ni mover, ¿que pasa aquí?
-Es lo normal, -te dicen-, estos locales se llenan sobre la una, y están a tope hasta las tres, que se van todos a otro, tu sigue bailando, hija, que pareces un pato
-Me han tocado el culo!!!!!!!!!
-Imaginaciones tuyas, es que estamos muy apretados.
-Pues al próximo, le clavo el codo en el páncreas..
-Bueno, vamos a relajarnos, y a ver que hay por aquí. Mira, ese no está mal, y parece que me está mirando. Es hasta guapo, mira que si ligo esta noche... Vaya, viene otro con dos cubatas, y lo saluda con un beso. Joe, Vaya vista que tengo.
El de tu derecha cada vez se te pega más, un centímetro, y le cobras el alquiler del sujetador.
-No, si mal no está, parece un triunfito, seguro que termina el instituto este año... Si me parece que lo he visto en el cumpleaños de mi sobrina...
-Oye bonita, ¿quieres salir de aquí, que hace mucho calor?
-Claro, cielo, espera que llame a la canguro, que tengo al niño con varicela.
-¿Niño?... Uy, creo que he visto a alguien en la calle, ya nos vemos...
Tu amiga se está dando el lote con uno con una cara de profesor de universidad. Te hace una seña a lo lejos, y se señala el reloj. Vale, que hasta mañana, que te diviertas, guapa.
Bueno, y ahora, ¿que?
El cubata ya debe estar a la altura de los talones, te duelen los pies, te pican los ojos, estás completamente afónica de intentar charlar con un señor muy agradable, que no deja de mirarte el escote, y te cuenta algo de una finca que tiene en Cáceres, donde va a cazar el Rey, y que tiene un hermoso anillo de casado...Y todos con los que viniste deben estar ya en, bueno, donde sea, si en realidad te da igual.
Le dices al de Cáceres que te vas al baño, que ahora vuelves, y codazo va, pisotón viene, consigues llegar a la calle.
Menuda la que hay montada, todos los chavales están como cubas, tirados por las aceras, recuerdas mentalmente encerrar a los tuyos hasta que cumplan los 30, saltas sobre un par de charcos sospechosos, y milagrosamente, encuentras un taxi.
Llegas a casa, te quitas los tacones, te pones las zapatillas, el pijama, pasas a ver a tus nenes. Están los tres dormidos en tu cama, los nenes y la canguro, hay un par de pañales por ahí tirados, y manchas de purés por todos lados.
Te echas en el sofá, y hasta mañana.

Al día siguiente, recoges los pañales, le pagas a la canguro, limpias las manchas de puré, pones un video de Blanca nieves, preparas la comida de la semana, te pides una pizza, dejas que los niños se pringuen, y te sientas a descansar.
Como a las tres de la tarde, te llama tu amiga del alma.
-Menuda nocheeeeeeeeeeeeee, estoy destrozada, no veas el tío que me he ligado, ufffffffff. Tengo una resaca del quince, me voy a tomar una tortilla de aspirinas.
-Oye, y el tuyo, ¿que tal? No tenía mala pinta, un poco mayor, pero ropa de marca, se ve que tienes buen gusto. ¿Ves como yo tenía razón?, si es que tienes que salir más. El sábado que viene, nos vamos a una terraza nueva que han abierto, y que me han dicho que van unos tíos de escándalo, ya verás como ligamos.
-Sí, claro, lo que tu digas...
-Niños, venga, dense prisa, que nos vamos al parque.
Si es que ya lo decía mi tía Juanita: Cariño, a tu edad, los hombres, o están casados, o tienen novia, o tienen novio, o dos cosas a la vez, o las tres, pero libres, libres......OLVIDALO
Perlita.

sábado, 21 de febrero de 2009

Feliz Cumpleaños Papá!!!



¡Feliz cumpleaños papá!

Fíjate, 92 añazos.

Pero ¿Sabes? Estoy un poquitín enfadada contigo.
Sí, un poquito. La verdad es que ya llevo ocho años enfadada, pero no te lo había dicho.
Te habrás dado cuenta de que he escrito muchas cosas sobre mamá, pero nunca sobre tí.
Ah, ¿que no lo entiendes?
Pues es fácil de entender, verás:

No entiendo porqué nunca me lo dijiste. ¿Tanto te costaba?

Siempre tan serio, tan reservado, tan distante.
Siempre tan exigente.
Que si aprobaba, pues mal hecho, yo lo podía hacer mejor.
Que si sacaba buena nota, pues mal también, seguro que alguien lo hizo mejor que yo.
Cuando elegí la carrera, meses quejándote de mi elección.
Cuando acabé, siempre quejándote del camino que elegí en vez de hacerme funcionaria.
Si me compraba algo de ropa, siempre me quedaba demasiado grande, demasiado pequeño, demasiado corto o demasiado largo.
Nunca estábamos de acuerdo en nada, ¿recuerdas?


Entonces, ¿por qué nunca supe que tenías a tus amigos cansados de oír lo lista que era tu niña, lo guapa que era tu niña, lo bien que le iba en la vida a tu niña?
¿Por qué nunca supe que tus hermanas te mandaban callar cuando les contabas de mis buenas notas, de lo bien que me iban los negocios, de lo que me querían mis clientes?
¿Por qué no conocí nunca a ninguno de esos amigos a los que ayudaste a salir adelante sin pedir nada a cambio?

¿Por qué tuve que enterare de todo eso en tu funeral, cuando la iglesia se llenó de tanta gente que tuvieron que esperar fuera?

Me lo tenías que haber dicho papá… y yo que llegué a pensar que no me querías.

miércoles, 18 de febrero de 2009

UNA VACA

Sí señor, una vaca.
Estoy segura de que todos saben lo que es una vaca.
¿Que no?, hombre, son esos animales que salen en los tetrabrik y en las botellas de leche.
Ahooooora, ahora ya nos vamos entendiendo. Son blancos y negros y tienen cuernos.

Y dan leche, Y son tan tiernas, y tan simpáticas..... están en al campo, pastando, con su ternerito....
¡POS NO!
De eso nada, monada.
No dan leche, dan un líquido blanco rarísimo que pasa por kilómetros de tubos, filtros, análisis, estufas, neveras, y aparatos y que vaya usted a saber en que se convierte antes de llegar al tetrabrik, puaj.
Y no son tiernas. HUELEN FATAL.
Están todo el santo día cagando. ¿Y se creen ustedes que les preocupa que la veterinaria esté justo en ese momento cogiendo una muestra de pispis?. NI HABLAR, sueltan la tremenda cagada, y ala, a cambiarse de ropa, joer.
Y con que se limpian??? Pues con el rabo, claro. Pero nadie limpia el rabo.
Por cierto... lo de las manchas blancas y negras... que solo es en las fotos...en realidad, son marrones de barrigas para abajo...
Que pasa una mosca por detrás?, pos a sacudirsela con el rabo tocan. Sí, con ese rabo con el que se acaban de quitar la mierda y que nadie ha limpiado... Vaya, he vuelto a salpicar a la veterinaria, pobre..
¿Simpáticas?, Y una L%%%&##
Son cabezotas, y testarudas, y no tienen ni pizca de consideración.
Vaya, que si todos los días toca ordeño a las 6 de la mañana, y comer a las 8, y paseo por el campo a las 9, a ver quien es el guapo que las hace cambiar de idea.
Que casualidad, hoy toca inspección y hay que revisarlas a todas. ¿que son 300?, pos mira tú que bien, pero no vayas a venir durante el paseo, que se estresan. Ah, y durante el desayuno menos, que dejan de comer y se estresan. No, después del paseo tampoco, que tienen que rumiar y se estresan.
Joer, y a que hora vengo?
Pues está claro, durante el ordeño, y así estarán quietecitas y las podrás revisar.
Vaya... que casualidad, es a las 6 de la mañana, vente a las 5:30 y lo preparamos todo.
Mujer, ¿que vives a 1 hora de camino?, pues nada, te levantas a las 4 y en paz. O mira, mejor ni te acuestes, total...
Y YO??? YO NO ME ESTRESO???
Nada, las 6 de la mañana, 2ºC, una helada que para qué. Lo siento, es que esto lo limpiamos después del ordeño...mientras desayunan sabes???
Si, ya, para no estresarlas...
Mira de no tropezar y caerte, que el suelo está muy resbaladizo, mejor no preguntes de qué...
DOS HORAS::: dos malditas horas mirando una vaca detrás de otra, el mono verde es una mezcla de verde y marrón, estoy helada, algo me ha caido dentro de las botas...menos mal que ya termino.
Noooo si aún quedan los terneritos
VAya, menos mal, estos serán más agradables.
JA JA JA.... Y JA
Los terneritos, tan monos... aj.
Tienen una lengua más larga que un día sin pan, los morros son un compendio de babas asquerosas, y tienen la maravillosa costumbre de chuparlo todo, a ver si sale leche. El mono de trabajo, la carpeta con las actas de inspección, el bolígrafo, MI COLETAAAAAAAAAA.
Las 9, señor, ya termino.
Esto.... que todavía te quedan los sementales... tenemos 3...


ANDA Y QUE TE DEN, QUE ME VOY A MI CASA